Lectura del santo evangelio según san Marcos (5,1-20):
Texto seleccionado Por Richard Jesús
En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos llegaron a la orilla del lago, en la región de los gerasenos. Apenas desembarcó, le salió al encuentro, desde el cementerio, donde vivía en los sepulcros, un hombre, poseído de espíritu inmundo; ni con cadenas podía ya nadie sujetarlo; muchas veces lo habían sujetado con cepos y cadenas, pero él rompía las cadenas y destrozaba los cepos, y nadie tenía fuerza para domarlo. Se pasaba el día y la noche en los sepulcros y en los montes, gritando e hiriéndose con piedras.
Viendo de lejos a Jesús, echó
a correr, se postró ante él y gritó a voz en cuello: «¿Qué tienes que ver
conmigo, Jesús, Hijo de Dios Altísimo? Por Dios te lo pido, no me atormentes.»
Palabra de Dios
Reflexión
El Evangelio de hoy nos dice que Cristo desea liberarnos de todos nuestros males, de nuestras tristezas, hasta de nuestro pasado mismo, y enseñarnos la luz y un nuevo camino lleno de felicidad; pero para ello debemos abrirle nuestro corazón y renunciar a lo mundano y ser humildes para confiar plenamente en el Señor.
En el pasaje de este Evangelio podemos ver qué cuando Jesús llega a Gerasa, miró a un hombre poseído por el demonio y actúa de inmediato, sacando a este demonio de su ser, metiéndose este mismo demonio en una cantidad de cerdos, unos dos mil aprox. los mismos que se ahogaron en el lago, lo cual es visto por los porquerizos o cuidadores de puercos. Al enterarse la población, acude dónde Jesús y le piden que se vaya. Con lo cual podemos entender que para ellos pesa más el daño económico que la curación y recuperación del hombre endemoniado, lo cual a su vez nos hace suponer que los habitantes de Gerasa estaban en lo mismo; es decir, poseídos. Este evangelio nos hace reflexionar para tener firmeza en el desprendimiento real de los bienes materiales y temporales, o sea me refiero a la ambición ciega por ellos, alejándonos de la fe y de lo que realmente Dios quiere para nosotros.
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