Textos escogido por: Manuel Sime
Catecismo de la Iglesia Católica:
2415 El séptimo mandamiento exige el respeto de la integridad de la creación. Los animales, como las plantas y los seres inanimados, están naturalmente destinados al bien común de la humanidad pasada, presente y futura (cf Gn 1, 28-31). El uso de los recursos minerales, vegetales y animales del universo no puede ser separado del respeto a las exigencias morales. El dominio concedido por el Creador al hombre sobre los seres inanimados y los seres vivos no es absoluto; está regulado por el cuidado de la calidad de la vida del prójimo incluyendo la de las generaciones venideras; exige un respeto religioso de la integridad de la creación (cf CA 37-38).
2416
Los animales son criaturas de Dios, que los rodea de su solicitud providencial
(cf Mt 6, 16). Por su simple existencia, lo bendicen y le dan gloria (cf Dn 3,
57-58). También los hombres les deben aprecio. Recuérdese con qué delicadeza
trataban a los animales san Francisco de Asís o san Felipe Neri.
2417
Dios confió los animales a la administración del que fue creado por él a su
imagen (cf Gn 2, 19-20; 9, 1-4). Por tanto, es legítimo servirse de los
animales para el alimento y la confección de vestidos. Se los puede domesticar
para que ayuden al hombre en sus trabajos y en sus ocios. Los experimentos
médicos y científicos en animales son prácticas moralmente aceptables, si se
mantienen en límites razonables y contribuyen a cuidar o salvar vidas humanas.
2418
Es contrario a la dignidad humana hacer sufrir inútilmente a los animales y
sacrificar sin necesidad sus vidas. Es también indigno invertir en ellos sumas
que deberían remediar más bien la miseria de los hombres. Se puede amar a los
animales; pero no se puede desviar hacia ellos el afecto debido únicamente a
los seres humanos.








