¿Tienes un problema urgente? Prueba con la «novena voladora» a la Virgen que creó la Madre Teresa

 ¿Tienes un problema urgente? Prueba con la «novena voladora» a la Virgen que creó la Madre Teresa

Fuente: Religion en libertad

La Madre Teresa fue declarada santa por el Papa Francisco el 4 de septiembre de 2016

La vida de Santa Teresa de Calcuta, aunque siempre será recordada como la Madre Teresa, fue una entrega total a Cristo, al que veía en los últimos de los últimos, en los abandonados del mundo que nadie quería. Y fue la Providencia la que fue marcando su camino hasta crear una obra que ella nunca hubiera podido imaginar antes de decir “sí” a Dios.El día a día de la Madre Teresa no estuvo exento de grandes sufrimientos, así como también de pequeños contratiempos. Pero para afrontar la gran cantidad de problemas que se le presentaban con frecuencia y además de manera urgente ideó una solución en la que la Virgen María tuvo mucho que ver.

Ya daba por hecha la ayuda del cielo

Se trataba de la “novena voladora” o “novena de emergencia”, y que la santa de las Misioneras de la Caridad utilizaba cuando necesitaba que un problema o contratiempo se solucionara inmediatamente y para el que no podía dedicar nueve días de una novena tradicional.

Este rezo promovido por la Madre Teresa y que ahora es muy utilizado en toda su congregación consistía en recitar diez “memorares” de forma rápida y con el propósito en mente.

Leo Maasburg,consejero espiritual de Madre Teresa, con misioneras de la Caridad

Leo Maasburg, que fue consejero espiritual de la Madre Teresa, conversa con unas misioneras de la Caridad

Monseñor Leo Maasburg, amigo y consejero espiritual de la santa, explica en el libro La Madre Teresa de Calcuta: un retrato personal que ella siempre rezaba diez “memorares” y no nueve como cabría esperar de una novena porque “daba la colaboración de los cielos por sentado, por lo que siempre añadía un décimo memorares de inmediato en acción de gracias por el favor recibido”.

Para cosas muy graves y asuntos menos urgentes

Esta oración fue una respuesta al ritmo de vida que llevaba la santa y a que muchos problemas no podían esperar. La “novena voladora”, relata Maasburg, fue utilizada por la Madre Teresa “constantemente, ya fuera para pedir la curación de un niño enfermo, antes de conversaciones importantes o cuando desaparecían los pasaportes; también para solicitar la ayuda celestial cuando el combustible se estaba acabando durante una misión nocturna y el destino estaba aún lejano…”.

Según indica el consejero espiritual de la santa de Calcuta, esta oración tenía “una cosa en común con las novenas de nueve días e incluso de nueve meses: la confianza abogando por la ayuda divina, como hicieron los apóstoles durante nueve días junto con ‘María, la madre de Jesús, y las mujeres’ a la espera de la ayuda prometida por el Espíritu Santo”.

María como “mediadora de todas las gracias”

Tal y como recoge el National Catholic of Register, el padre Brian Kolodiejchuk, postulador de la causa de canonización de la Madre Teresa, contaba que la santa enseñaba que esta novena “expresa de manera efectiva su confianza en el poder de la intercesión de María como mediadora de todas las gracias”.

Según dijo, esta oración “fluye desde el amor y la confianza que tenía en María; era una forma sencilla de presentarle sus peticiones. La rápida respuesta que recibía era su inspiración para recurrir a la Madre del Cielo cada vez con mayor confianza a través de las palabras del Memorares”.

Este sacerdote puso un ejemplo concreto de esta “novena voladora” para cosas concretas y no demasiado graves, pero en las que la Virgen intercede.

Madre Teresa de Calcuta con niños

Un ejemplo concreto

Tal y como recuerda, la Madre Teresa contó en una ocasión: “En Roma, durante el Año Santo de 1984, el Papa iba a celebrar misa al aire libre, y se reunió una multitud. Estaba lloviendo a cántaros, así que les dije a las hermanas: ‘digamos una novena voladora de nueve memorares a Nuestra Señora en acción de gracias a Dios por el hermoso clima’. Cuando llevábamos dos comenzó a llover más. Dijimos la tercera… la sexta… el séptimo… y en el octavo todos los paraguas se estaban cerrando, y cuando terminamos el noveno encontramos que ya todos estaban cerrados”.

Y como este ejemplo hay miles, unos con la Madre Teresa como testigo, otros muchos a través de las propias misioneras de la Caridad, que la rezan ya sea para conseguir comida o para salir de un atasco. Pero también se han producido gracias extraordinarias en personas que han conocido esta “novena voladora” y la han utilizado.

Así es la “novena voladora”

Esta es la oración para realizar esta “novena de emergencia” que utilizaba la Madre Teresa:

Acordaos, ¡oh piadosísima Virgen María!, que jamás se ha oído decir que ninguno de los que han acudido a vuestra protección, implorando vuestro auxilio y reclamando Vuestro Socorro, haya sido desamparado por Vos.

Animado por esta confianza, a Vos acudo, oh Madre, Virgen de las Vírgenes, y gimiendo bajo el peso de mis pecados me atrevo a comparecer ante Vos.

Oh madre de Dios, no desechéis mis súplicas ante la necesidad, antes bien, escuchadlas y acogedlas benignamente. Amén”.

(Publicado originariamente en Cari Filii en noviembre de 2019)


















7 formas para que el trabajo diario no se sienta pesado

 

7 formas para que el trabajo diario no se sienta pesado

Fuente: ALeteia
shutterstock_2754010129.jpg


El final de las vacaciones y el regreso al trabajo suele ser duro. La cocina de la oficina vuelve a estar llena, todos están bronceados y las conversaciones empiezan con "cuando estuvimos de paseo...". Algunos afortunados acaban de volver de sus vacaciones, otros disfrutaron de ellas en primavera y otros, en cambio, se quedaron en la ciudad a descansar, pero todos son conscientes de que el verano prácticamente ha terminado.

La buena noticia es que para seguir cuidando el descanso no hacen falta ni dos semanas de vacaciones. Solo se necesitan treinta minutos y un poco de organización. Aquí tienes siete ideas para volver a la rutina descansado, aún si no saliste de la ciudad.

1No descanses de la misma forma

Esta es la regla más importante, por la que vale la pena empezar, porque sin ella el resto de ideas no funcionarán. Todos los trabajadores de oficina pueden practicar un descanso activo en la naturaleza: un paseo, un partido de fútbol o montar en bicicleta. Ocho horas delante de la pantalla no se compensan con otras tres delante de la televisión.

En cambio, las personas que han trabajado todo el día realizando tareas físicas descansarán mejor en casa: en un relajante baño de burbujas o en una habitación a la sombra, tomando algo frío mientras ven una película, leen un libro o escuchan música. El descanso debe ser lo contrario de lo que hemos estado haciendo durante todo el día. Es sencillo, pero sorprendentemente poco habitual.

2Una comida fuera de lo común

Una propuesta para salir de la rutina: mejor olvidarse de las comidas que hay que cocinar con tanto esfuerzo en el calor de la cocina. Se puede pasar tranquilamente a las sopas frías, las verduras crudas y las ensaladas, acompañadas de carne de rápida preparación, como pollo o salchichas. O de platos de la olla de cocción lenta, que prácticamente se cocinan solos.

Una comida rápida y, en general, fría nos brinda, además, la oportunidad de disfrutar de un descanso maravilloso y relajante a pesar de regresar a la rutina. Basta con meter la comida en tuppers, un mantel, un juego de platos y cubiertos (a ser posible de plástico), añadir algo de beber, un postre sencillo —fruta, galletas crujientes— y comer con la familia sobre la hierba, en el parque o, ¿quizás incluso en el balcón de la casa? Es menos complicado de lo que parece. Solo requiere una buena organización.

3Un jardincito en casa

Es bien sabido que la mejor forma de descansar es de forma activa y rodeado de vegetación, pero no todo el mundo tiene un terreno amplio en casa—y, aunque la tenga, es difícil escaparse allí a mitad de semana. Por eso, una buena idea es aprovechar los jardines y los pequeños espacios de tierra que rodean los bloques de pisos.

Se puede crear un pequeño huerto de hierbas aromáticas en el balcón o incluso en el alféizar de la ventana. Las hierbas crecen muy bien (por ejemplo, el estragón) y complementan a la perfección las ensaladas propuestas anteriormente. Y la menta y la melisa te vendrán bien en el punto seis.

4Una "microescapada", sin salir de la ciudad

Lo que más echamos de menos no es tanto el descanso como la sensación de haber estado en algún sitio. Es posible recuperarla en un solo día. Un sábado o un domingo, sin pedir el día libre y, al mismo tiempo, sin tener que hacer las maletas.

La receta es sencilla: un sábado libre, un tour regional, salida por la mañana. y regreso por la tarde. Elegimos el destino de manera que el trayecto dure una hora, como mucho hora y media: un pueblecito con plaza del mercado, un lago, un sendero junto al río o un museo al aire libre.

El cerebro recuerda los lugares nuevos mucho mejor que otro fin de semana en casa; por eso, ese único día se alarga en la memoria tanto como tres días normales.

5La mañana en lugar de la tarde

Normalmente damos por hecho que el descanso empieza después del trabajo. Sin embargo, a partir de las 4 p.m. ya estamos cansados, nos esperan las tareas domésticas y de los grandes planes solo queda el sofá. Vale la pena probar lo contrario: levantarse una hora antes y dedicar esa hora exclusivamente a uno mismo.

Durante esta temporada, las mañanas son especialmente agradables. Ya hace fresco, amanece sobre las seis y la ciudad está en silencio. Nadie llama, nadie escribe, nadie necesita nada… porque todo el mundo duerme. Esa hora puede ser muy variada: un café en el balcón, un paseo por un parque desierto, un paseo en bicicleta, un desayuno que se lee en lugar de comerse a toda prisa.



Las seis monjas italianas que dieron su vida ante el ébola para no dejar solos a los enfermos

 

Las seis monjas italianas que dieron su vida ante el ébola para no dejar solos a los enfermos

Fuente: Religion en Libertad

Seis misioneras murieron en apenas un mes por atender enfermos que nadie más quería tocar; para la Iglesia, ya son Venerables.

Sor Dinarosa Belleri murió de ébola como misionera en el Congo en 1995, hoy es Venerable

Sor Dinarosa Belleri murió de ébola como misionera en el Congo en 1995, hoy es VenerableVATICANNEW



    En 1995, en un hospital de Kikwit (entonces Zaire), seis religiosas de las Hermanas Misioneras de los Pobres murieron una tras otra por cuidar a los pacientes que nadie más quería tocar. Treinta años después, el virus que las mató —el ébola Bundibugyo— ha vuelto a golpear el mismo país en verano de 2026. Roma las tiene camino de los altares.

    La República Democrática del Congo lucha contra uno de los peores brotes de ébola de su historia. De nuevo, es la cepa Bundibugyo, la misma de hace treinta años. Muchos recuerdan, entre ellos el diario Avvenire, la historia de estas seis mujeres que hace veinte años dieron la vida en Kikwit haciendo exactamente lo que su fundador les había pedido: no soltarse de la mano del enfermo, "incluso en tiempos de enfermedades contagiosas".

    Un virus sin nombre y seis mujeres valientes

    Las seis religiosas pertenecían al Instituto Palazzolo, conocidas también como Hermanas Misioneras de los Pobres. Fundadas en 1869 en Bérgamo por san Luigi Maria Palazzolo, cuyo carisma resumía el fundador en “estar allí donde nadie más se atreve a estar”.

    Sor Floralba Rondi, la pionera nacida en Pedrengo en 1924, llevaba en el Congo desde 1952: cuarenta y tres años entregados, veinticinco de ellos en Kikwit. Precisamente con ella empezó la infección en la comunidad. Como tenía conocimientos médicos, participó en una intervención quirúrgica de un enfermo que tenía una infección desconocida. A los pocos días ya presentaba síntomas de fiebre hemorrágica.

    Las seis Hermanas de los Pobres que murieron de ébola en 1995 en Congo ya son reconocidas como Venerables

    Las seis Hermanas de los Pobres que murieron de ébola en 1995 en Congo ya son reconocidas como Venerables

    Cuando cayó, las demás religiosas no se movieron de su comunidad. Sor Clarangela Ghilardi, enfermera y comadrona de Trescore Balneario (1931), era "la hermana de la motocicleta" en la zona, ya que recorría Kikwit en su moto para atender partos cuando el camino se hacía imposible.

    Junto a ella, sor Danielangela Sorti (Bérgamo, 1947) había llegado en 1978 sin haber elegido el camino: quería la quietud contemplativa, pero aprendió que en misiones el verdadero claustro es la habitación del enfermo. Fue ella la que cuidó de sus hermanas contagiadas.

    Sor Dinarosa Belleri, nacida en Brescia en 1936, llevaba instalada en el Congo desde 1966. En cada permiso en el que viajaba a Italia, volvía cargada de medicinas y dinero para llevar hasta la misión.

    Miniatura del video

    Cuando supo lo que estaba pasando, sor Annelvira Ossoli (Brescia, 1936) no consultó con nadie. Era enfermera y comadrona y desde 1992 superiora provincial de toda la provincia africana del Instituto. Viajó desde Kinshasa a Kikwit sabiendo exactamente lo que se encontraría al llegar.

    Lejos, en Kingasani, un barrio de la capital, sor Vitarosa Zorza (Bérgamo, 1943) estaba a salvo cuando recibió las noticias. Cantaba en lingala; la lengua del pueblo que atendía pero que había hecho suya. Podría haberse quedado pero en su lugar, viajó conscientemente hacia Kikwit, hacia el virus, como quien responde sin condiciones a una llamada que ya conocía. Sor Vitarosa dijo, al ponerse en marcha: “¿Por qué debo tener miedo? Las demás están ahí y en este momento me necesitan”. Fue la última en morir.

    Solo 33 días después del primer contagio, del 25 de abril al 28 de mayo de 1995, las seis habían muerto.

    Sor Floralba fue la primera, el 25 de abril. Clarangela, el 6 de mayo. Danielangela, entre el 7 y el 21. Dinarosa, entre el 21 y el 28. Annelvira y Vitarosa, ambas el 28 de mayo. El Congo declaró oficialmente el brote el 15 de mayo; la OMS lo elevó a emergencia internacional dos días después, cuando cinco de ellas ya estaban contagiadas o muertas.

    Floralba Rondi, misionera de las Hermanas de los Pobres, con niños en el Congo; está en proceso de beatificación

    Floralba Rondi, misionera de las Hermanas de los Pobres, con niños en el Congo; está en proceso de beatificaciónVATICANNEWS

    Fieles a su vocación hasta el final

    Todas las hermanas eran conscientes de los riesgos a los que se exponían y aun así eligieron ser fieles a su vocación.

    Sor Vitarosa no tenía por qué ir a Kikwit; trabajaba lejos, en Kingasani, y sin embargo fue a atender a sus hermanas. Sor Annelvira, como superiora, podría haber gestionado la crisis desde Kinshasa y eligió viajar al foco del brote para acompañarlas. Cada una de ellas, al entrar en contacto con sus hermanas ya enfermas, sabía —o intuía— exactamente a qué se exponía. A pesar de ello, ninguna se echó atrás.

    La Iglesia no ha querido que esta historia caiga en el olvido. El 20 de febrero de 2021 el Vaticano promulgó el decreto sobre las virtudes heroicas de sor Floralba, sor Clarangela y sor Dinarosa; el 17 de marzo del mismo año, el de sor Danielangela, sor Annelvira y sor Vitarosa. Las seis son, desde entonces, Venerables: el primer paso formal hacia una beatificación, que la postuladora general del instituto, sor Linadele Canclini, sigue impulsando.

    Curiosamente, el proceso no se apoyó en la "vía de la ofrenda de la vida" que el Papa Francisco introdujo en 2017 precisamente para casos como este —morir por amor al prójimo en un acto libre y heroico—, sino en la vía clásica de las virtudes heroicas. Un detalle técnico que no le resta ni un gramo de fuerza al gesto: seis mujeres entraron por su propia voluntad en la habitación donde estaba el virus fieles a lo que su fundador decía: no soltar la mano del enfermo y estar allí donde nadie más quiere estar.

    Hoy, con la misma enfermedad otra vez extendiéndose por el Congo —la peor epidemia de ébola que ha vivido el país, según las autoridades sanitarias—, el nombre de Kikwit vuelve a sonar en los boletines médicos.

    Y también, aunque en voz más baja, en las capillas del Instituto Palazzolo, donde nadie ha olvidado a las seis mujeres que, hace treinta años, decidieron que el amor al enfermo pesaba más que el miedo al contagio.

    Inteligencia artificial y verdad: por qué necesitamos más que solo tener la razón

     

    IA y verdad: por qué necesitamos más que solo tener la razón

    Fuente: Aleteia
    shutterstock_2628469935.jpg


    Recientemente se publicó un artículo en el que hablaban del gran fallo de ChatGPT, el sistema de Inteligencia Artificial que se ha convertido en el mejor amigo de gran parte de la humanidad. Su problema, decían, es que está totalmente diseñada para darnos la razón y no siempre la verdad.

    Encontrando el peligro

    Si le presentas un plan de inversión abocado al fracaso, puede encontrar argumentos para defenderlo. Si le planteas una decisión equivocada, puede ayudarte a construir una magnífica justificación. Si le cuentas que has elegido mal, puede explicarte por qué, en realidad, tu razonamiento estaba muy bien planteado. Y, si hace falta, buscará argumentos que avalen tu posición.

    Pero nosotros no necesitamos una inteligencia que nos dé siempre la razón. Necesitamos una inteligencia que nos ayude a encontrar la verdad.

    El dilema de la verdad y la razón

    Cuando alguien solo te da la razón, llega un momento en que deja de darte seguridad. Es como esos hijos que, cuando su madre les dice que están guapísimos, se preguntan si realmente lo piensa o si lo dice simplemente porque es su madre. Necesitamos amigos que nos den garantías. Amigos de los que sepamos que son tan leales que nos dirán la verdad cuando apetezca decirla y cuando no.

    Benedicto XVI lo explicó de una manera certera: "Sin la verdad, la caridad se convierte en mero sentimentalismo". El amor se convierte en una cáscara vacía que podemos rellenar arbitrariamente. Y ese es el riesgo del amor en una cultura que ha decidido prescindir de la verdad.

    El amor ante la corrección

    El buenismo mal entendido de ChatGPT no deberíamos dejar que nos contagie a nosotros. Porque para corregir, para educar y para ayudar al otro a descubrir la verdad, necesitamos amor. La verdad necesita un cauce. Y ese cauce lo crea el amor.

    Una verdad dicha sin amor puede llegar como una ola de tsunami: arrasa, golpea y destruye. Puede ser cierta y, sin embargo, estar mal dicha. Puede convertirse en una bofetada.

    Cuando el amor llega antes, la verdad llega de otra manera. No se trata de ocultarla, o suavizar hasta hacerla irreconocible y evitarla para no incomodar. Se trata de buscar la mejor manera de decirla, externando el cariño para que duela lo menos posible.

    San Agustín lo resumió en una frase que se ha hecho universal: "Ama y haz lo que quieras". No significa que el amor convierte cualquier cosa en buena. Significa que, cuando la raíz es verdaderamente el amor, nuestras acciones buscan el bien del otro.

    Amor y verdad para una buena amistad

    amistad-mujeres

    Ya hemos visto que el amor sin verdad no sirve de nada. Pero también que la verdad sin amor puede convertirse en una bofetada. Junta las dos y encontrarás a esa persona leal, de fiar, que piensa, que reza, que busca la mejor manera de decirte la verdad cuidando de que duela lo menos posible.

    Ese es el amigo que todos necesitamos

    Y quizá también esa sea la verdadera inteligencia que todos necesitamos: no la que nos confirma constantemente que tenemos razón, sino la que busca nuestro bien.

    La inteligencia humana es la única que puede rezar por ti. La única que puede rezar antes de corregirte un defecto, antes de decirte una verdad que puede doler. La única que puede pedir luz para saber cuál es el mejor consejo que puede darte, cuándo debe decirlo y cómo debe hacerlo.

    Por eso, quizá el gran error que ninguna inteligencia artificial podrá subsanar es precisamente ese: no puede rezar.

    Puede encontrar argumentos, comparar respuestas, buscar soluciones y hasta ayudarnos a pensar. Pero no puede ponerse de rodillas y pedir a Dios que le enseñe a buscar nuestro bien.

    Y ahí está la gran diferencia. La verdadera inteligencia no consiste solo en saber qué decir. Consiste también en saber para qué, cuándo y por quién merece la pena decirlo. Y para eso hace falta algo que ChatGPT nunca podrá hacer: rezar.

    ¿Tienes un problema urgente? Prueba con la «novena voladora» a la Virgen que creó la Madre Teresa

      ¿Tienes un problema urgente? Prueba con la «novena voladora» a la Virgen que creó la Madre Teresa Fuente: Religion en libertad La vida de ...