*SI UN FETO NO ES ALGUIEN, TÚ TAMPOCO CUANDO DUERMES*


 

¿Dios cumple nuestros deseos o es incorrecto pensar así?

 

¿Dios cumple nuestros deseos o es incorrecto pensar así?

Fuente: Aleteia


Todos tenemos deseos, incluso los relacionamos con la magia y los genios de los cuentos de hadas, pero ¿qué pasa cuando pedimos a Dios que nos los cumpla?

Dios creo al ser humano con cuerpo y alma espiritual. Su cuerpo indica cuando requiere de alimento, sueño y agua, por decir algo; pero su instinto - ligado a su inteligencia - le hace pensar en que hay más que solo satisfacer sus necesidades fisiológicas. Aspira a alcanzar los deseos de su corazón.

Todos tenemos deseos

Los cuentos de hadas muestran claramente que el hombre y la mujer están siempre buscando alcanzar sus sueños. Y es algo innato en cualquier persona. ¿Quién no desea algo en la vida? comprar una casa, tener un automóvil, viajar por el mundo, formar una familia, vivir mucho tiempo, ser feliz...

Por eso, el papa Francisco - de feliz memoria - tocó el tema del "deseo" en una de sus audiencias.

Ahí se refirió al deseo como a un elemento del discernimiento, porque "es una nostalgia de plenitud que no encuentra nunca plena satisfacción, y es el signo de la presencia de Dios en nosotros".

Para el Santo Padre "el deseo no son las ganas del momento" es más bien la falta del "punto de referencia que orienta el camino de la vida", pero tiene una característica especial: permanece vivo mucho tiempo, y si se trabaja con empeño tiende a concretizarse.

Jesús cumplió deseos

¿El Señor Jesús cumplió deseos?, ¡sí!, Pero no hay que escandalizarse. En el evangelio tenemos un ejemplo perfecto, pero Jesús no lo hizo como el genio de la lámpara de Aladino. Fue debido a la insistencia - un deseo que había durado en el tiempo, como señala el papa Francisco - y que alcanzó su meta porque lo quiso con fuerza y trabajó duro para ello.

Menciona el papa que "El deseo te hace fuerte, valiente, te hace ir adelante siempre porque tú quieres llegar a eso: “Yo deseo eso” ".

Volviendo al evangelio: una mujer cananea gritaba detrás de Jesús porque quería que curara a su hija. El Señor la ignora y también ignora a sus discípulos que le piden que la atienda. Finalmente, la insistencia y la humildad de la afligida madre que como un perrito se conforma con las migajas de los hijos, alcanza la admiración del Señor y la esperada frase que confirma su petición:

"¿Mujer, qué grande es tu fe: que se cumpla lo que deseas'. En aquel momento quedó curada su hija" (Mt 15, 28).



De colegio del Opus Dei, entró en la santería y la brujería, negó a Dios y tres voces cambiaron todo

 

De colegio del Opus Dei, entró en la santería y la brujería, negó a Dios y tres voces cambiaron todo

Fuente: Religion en Libertad

"Salí de la habitación y, en la entrada hacia la cocina, de una manera muy clara, volví a escuchar esta voz que me preguntaba si le daría a mi hijo", recuerda Nuria que le dijo una voz internamente.


Nuria del Canal tiene 51 años, es de Barcelona y ha contado su testimonio en El Rosario de las 11 pm. Educada en un colegio del Opus Dei, pasó por la brujería y la santería hasta regresar de nuevo a la Iglesia Católica. Tres voces cambiaron todos sus esquemas.

"Ahora estoy donde estoy, pero todo fue un largo caminar, de muchas caídas y muchos golpes. Fui educada en una familia católica, pero de nombre, no éramos practicantes para nada. Soy la hija pequeña de tres hermanas y desde los inicios ya éramos una familia bastante desestructurada, bastante caótica, con muchos problemas, ha sido una infancia muy difícil", comienza diciendo Nuria.

Atracción por lo demoniaco

"Yo me eduqué en un colegio del Opus Dei, y puedo decir que he recibido una buena formación en cuanto a la fe, a la doctrina y al conocimiento de Dios. Pero, cuando era adolescente me distancié de la fe católica y me enfadé. Cuando salí del colegio fue una explosión de libertad, de repente el mundo se abría ante mí y era un mundo a explorar. Esto me llevó a todo tipo de errores, de prácticas, en definitiva, de bastantes equivocaciones".

"Cuando era muy jovencita, tenía unos 15 años más o menos, estaba de moda practicar la ouija y estuve un verano entero practicándola con una amiga. El mundo prenatural, el mundo demoníaco siempre me había llamado la atención (...). Siempre había tenido una atracción especial y muy intensa hacia el mundo demoníaco, a la parte digamos oscura del ser humano, a la parte oscura de las fuerzas del universo. Me interesaba mucho todo lo que era oscuro, todo lo que era satánico".

"Esto me llevo a practicar ouija, tarot, reiki, péndulo... no os lo recomiendo en absoluto. De jovencita todo me valía, todo lo que no entendía lo daba por válido, me pasaban realmente cosas fuera de lo normal, nada positivas y difíciles de explicar. Para algunas personas, incluso, un poquito terroríficas (...). Practiqué mucha ouija y muchas prácticas esotéricas de diferente calibre, empecé también a jugar con la magia de manera autodidacta de mayor".

"Yo era de profesión diseñadora de moda y tenía una vida como la mayoría de las personas, me divertía, salía, entraba, hacía una vida en la que parecía que todo estaba bien. No hacía daño a nadie. Soy madre de un niño, que ahora tiene 14 años, madre soltera, en mi vida era todo como 'no pasa nada, todo está bien'. No creía en la Iglesia, obviamente los mandamientos era como 'qué me estás contando', todo era un poquito a mi gusto, si estudiaba alguna cosa sobre alguna religión pues lo adaptaba".

"Era una búsqueda constante de Dios, pero siempre haciendo como un giro, sin entrar en la Iglesia, porque la Iglesia para mí era algo que no lo quería en mi vida, que siempre esquivaba. Y fue por una cosa muy absurda, descubrí que existió la inquisición y me pareció tan extraño y tan malvado, que la decepción fue tan grande. No me pasó nada personal pero sufrí una decepción".

Ritual de la religión Umbanda, a la que perteneció Nuria durante años.

"Se fue acercando el año 2020, ya llevaba unos años buscando a mi manera a Dios y cuatro años practicando la Umbanda, era una religión que se adaptaba bastante a mis necesidades. Me gustaba porque no había normas, no tenías que dar muchas explicaciones ni tampoco ser muy meritorio en nada, era una religión muy cómoda y además estaba enfocada para hacer el bien".

"Hubo un día en el que estaba trabajando, haciendo una colección de moda y tenía que investigar la temática que había elegido. En aquel momento, a mí me había inspirado el universo y tuve que mirar estrellas, astros, planetas... Tuve que analizar documentación científica sobre medidas del universo, aquello fue un choque para mí. Salí del trabajo y empecé a sentir una tristeza muy profunda, unas ganas de negar la existencia de Dios. Mi mente no podía entender que existiera Dios, si yo acababa de ver esas medidas".

"Siempre he creído en la primera persona de la Santísima Trinidad, pero nunca había tenido ese momento de rebeldía de negar a Dios. Estaba conduciendo y empecé a tener un diálogo con ese Dios que no existía (...). Con toda la de millones de personas que hay, los problemas y guerras, cómo va Dios a fijarse en mi persona y a saber que estoy aquí. A partir de ahora creo que voy entiendo que Dios es imposible que exista. Fue la primera vez en mi vida que decía algo así, lo cual me daba impacto, era serio escucharme a mí misma decir aquello".

Una pregunta profunda

"Cuando yo lo estaba negando, sentí una voz dentro de mí muy profunda, que decía: ¿tú amas a tu hijo?'. Y yo, 'hombre claro, yo amo a mi hijo más que al universo entero'. Y, de repente, me quedé tan impactada que me puse a llorar de la impresión, esta voz me respondió, que si yo era capaz de amar a mi hijo de esa manera, cómo podía pensar que Él, que era Dios, no me amaba a mí por encima de todo ese amor. Estaba conduciendo y me tuve que salir al arcén".

El móvil de Nuria se empezó a mover, como si fuera manejado por alguien.

"Yo seguí con mi vida, hacía hechicería, adoraba a los espíritus, bailes, les entregábamos comida. Era como una alabanza constante a estas entidades. Se me llegó a decir que mi ángel custodio, dentro de esta religión, era Dios Padre. Era bastante bonito para mí, porque mi relación siempre había sido muy directa con Dios Padre (...). Hasta que mi vida profesional cambió y me quedé sin trabajo".

"Llegó el día de la Virgen de Guadalupe del año 2020, llevaba unos meses en el paro, tenía unos problemas familiares muy serios. Me disponía a llevar a mi hijo al colegio, fui a la habitación y recuerdo bendecir a Dios por este hijo que me había dado. Pero, literal, decir: 'Bendito sea Dios por este hijo que me has dado'. Salí de la habitación y, en la entrada de la cocina, de una manera muy clara, volví a escuchar esta voz que me preguntaba si le daría a mi hijo".

"Me quedé sorprendida y le contesté de corazón, mi respuesta automática fue: 'hombre, tú nos diste a tu hijo en la cruz y no va a ser más mi hijo que el tuyo, no me gustaría, pero hágase tu voluntad y no la mía'. Quedé como traspuesta, pensé en si me estaba pidiendo a mi hijo, en el sentido de que se fuera a morir. Me olvidé del tema, fui al colegio y, cuando llegué a mi casa, mi móvil se empezó a mover solo, como si cogen y empiezan a manejarlo, me quedé estupefacta dejando que funcionara".

"Y se puso en mi móvil la película El cielo es real', una película de un niño americano que falleció cuando era pequeño, y tuvo una experiencia cercana a la muerte, en donde vio a Jesús. Dije, vale, pues voy a verla, no tengo nada que hacer. De repente, todo quedó como a cámara lenta y sucedieron muchas cosas. Tuve como una visión completa de toda mi vida, sentía que delante de mí estaba Dios, que estaba siendo juzgada. Lo que para mí era una vida estupenda, bajo esta mirada mi vida era un auténtico desastre. Sabía que esta presencia lo sabía todo, yo no podía ocultar nada. Volví a escuchar la voz, por tercera vez, y, me dijo: 'lo que más me ofende es que es que te arrodillas delante de otros santos y no lo haces delante de mí, te quiero en mi templo'".

"Entonces sentí la gracia del arrepentimiento, cosa que yo no había tenido nunca, y una necesidad grandísima de confesarme. Asistí a misa inmediatamente, aquella misa fue como si fuera el día de mi boda, no he visto misa más bonita. Después de unos 30 años comulgué y ahí empezó mi vida de fe. Como estaba tan perdida, me confié a la Virgen, le pedí al sacerdote que me explicara cómo rezar el Rosario y me consagré", concluye Nuria.

Esta era la oración que el Padre Pío rezaba cada vez que alguien le pedía ayuda

 

Esta era la oración que el Padre Pío rezaba cada vez que alguien le pedía ayuda

Fuente: Religion en Libertad

Quienes acudían al Padre Pío le confiaban sus problemas y necesidades. Él recurría a una oración que rezaba con una condición fundamental: la fe.

El Padre Pío falleció semanas después de    bendecir aquella niña enferma milagrosamente curada.

El Padre Pío falleció semanas después de bendecir aquella niña enferma milagrosamente curada.


Miles de personas acudieron durante años al Padre Pío de Pietrelcina para pedirle que rezara por sus necesidades. Lo hacían personalmente o mediante las numerosas cartas que llegaban hasta el convento del fraile capuchino.

Enfermedades, problemas familiares, dificultades económicas o situaciones aparentemente sin salida formaban parte de las intenciones que los fieles confiaban al religioso italiano. Y el Padre Pío tenía una oración a la que recurría especialmente para interceder por ellos.

Se trata de la conocida como Novena Eficaz del Sagrado Corazón de Jesús, una oración vinculada a santa Margarita María Alacoque, la religiosa francesa del siglo XVII estrechamente relacionada con la difusión de la devoción al Sagrado Corazón.

Según recuerda Aleteia, esta era la oración que el Padre Pío rezaba cuando quería interceder ante Dios por las intenciones que le confiaban.

«Sagrado Corazón de Jesús, espero y confío en Ti»

La oración está construida alrededor de tres promesas de Jesucristo recogidas en los Evangelios: «Pedid y se os dará», la permanencia de sus palabras y la promesa de conceder aquello que se pida al Padre en su nombre.

Después de cada petición se rezan un Padrenuestro, un Avemaría y un Gloria y se repite una breve jaculatoria que resume el sentido de toda la oración:

«Sagrado Corazón de Jesús, espero y confío en Ti».

Finalmente, se pide directamente la compasión del Corazón de Cristo y la gracia deseada por intercesión del Inmaculado Corazón de María y de san José.

La devoción estaba estrechamente relacionada con la espiritualidad del Padre Pío. El capuchino concebía la oración de intercesión como una parte esencial de su ministerio y dedicaba largos periodos del día a rezar por quienes se encomendaban a él.

No era una fórmula mágica

Pero existe un aspecto esencial para comprender esta oración. El Padre Pío no la utilizaba como una especie de fórmula automática para conseguir aquello que se deseaba.

La clave estaba en rezarla con fe y confianza en Dios, dejando finalmente la petición en sus manos.

De ahí que la jaculatoria repetida durante la novena resulte especialmente significativa: no afirma que necesariamente se conseguirá aquello que se pide, sino que expresa confianza en Cristo: «espero y confío en Ti».

La oración parte así de una concepción cristiana muy distinta de entender las peticiones a Dios: pedir con insistencia, pero aceptar al mismo tiempo su voluntad, confiando en que conoce mejor aquello que verdaderamente necesita cada persona.

Esa fue también una de las grandes enseñanzas que dejó el Padre Pío a las innumerables personas que acudieron a él buscando ayuda: rezar, pedir y confiar.

Oración

¡Oh Jesús mío!, que dijiste:

"En verdad les digo, pidan y se les dará, busquen y encontrarán, llamen y se les abrirá".

He aquí que, confiando en tus santas palabras, yo llamo, busco, y pido la gracia……

Padre Nuestro, Avemaría y Gloria.

Sagrado Corazón de Jesús, espero y confío en Ti.

¡Oh Jesús mío!, que dijiste:

"En verdad les digo, pasarán los cielos y la tierra pero mis palabras jamás pasarán".

He ahí que yo, confiando en lo infalible de tus santas palabras pido la gracia……

Padre Nuestro, Avemaría y Gloria.

Sagrado Corazón de Jesús, espero y confío Ti.

¡Oh Jesús mío!, que dijiste:

"En verdad les digo, todo lo que pidáis a mi Padre en mi Nombre, se les concederá".

He ahí que yo, al Padre Eterno y en tu nombre pido la gracia…….

Padre Nuestro, Avemaría y Gloria.

Sagrado Corazón de Jesús, espero y confío Ti.

¡Oh Sagrado Corazón de Jesús,

al que le es imposible no sentir compasión por los infelices,

ten piedad de nosotros, pobres pecadores,

y concédenos las gracias que pedimos

en nombre del Inmaculado Corazón de María, nuestra tierna Madre, san José, padre adoptivo del Sagrado Corazón de Jesús, ruega por nosotros.

Amén.

Cuando la caridad viene en un empaque de mantequilla

 Cuando la caridad viene en un empaque de mantequilla

Fuente: Aleteia


La empresa Cremería Americana ,al quedarse sin dueño, se convirtió en una fundación que hoy ayuda a miles de niños a cumplir sus sueños

Hay historias que nos enseñan que la caridad puede venir en un empaque de mantequilla.

A veces no pensamos que detrás de algo tan sencillo, como un alimento que utilizamos para cocinar, puede existir una historia interesante. Este es el caso de Cremería Americana, una empresa que hoy no solo es reconocida a nivel mundial, sino que también tiene un propósito que va más allá de sus productos: ayudar a niños y jóvenes a continuar con sus estudios.

Fundación de la empresa

Esta compañía nació en 1908, fundada por Alberto Andrade. Al principio era un pequeño negocio ubicado en las calles de la Ciudad de México. Lo que difícilmente se imaginarían quienes estaban detrás de aquel lugar llamado “Andrade y Zaragoza” era que llegaría a crecer a gran escala gracias a una técnica innovadora: la pasteurización.

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Es increíble pensar que hoy conseguir este producto es tan sencillo: hay camiones especializados que lo llevan hasta los negocios y basta con ir a una tienda o supermercado para encontrarlo. Sin embargo, si nos trasladamos un siglo atrás, la distribución era muy distinta: la mantequilla se transportaba en carretas tiradas por mulas.

El negocio fue creciendo poco a poco hasta que Andrade comenzó a incorporar nuevos productos, entre ellos la cremaquilla, que se distinguía de la mantequilla por su precio.

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La cremaquilla tuvo un gran éxito entre las panaderías mexicanas de aquella época, lo que impulsó rápidamente el crecimiento de la compañía. Andrade incluso llegó a cambiar el nombre del negocio por Cremería Americana.

El éxito continuó y, con el tiempo, patentó su famosa mantequilla de leche de vaca bajo el nombre de Gloria; la misma que conocemos hasta el día de hoy.

Se convirtió en una fundación

En la década de 1930, el fundador se casó con Dolores Contreras, una mujer originaria del estado de Puebla que se convertiría en un gran apoyo para la compañía. Su matrimonio terminó convirtiéndose en un verdadero equipo, incluso después de enterarse de que no podrían tener hijos.

Tras la muerte de su esposo, en 1952, Dolores comenzó a dirigir la empresa y formó un Consejo que la ayudaría a administrarla.

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Cuando llegó el momento de hacer su testamento, le preocupaba ver a niños y niñas vendiendo periódicos y boleando zapatos en las calles. Fue entonces cuando tuvo la idea de crear una fundación que llevaría por nombre Fundación de Asistencia Privada Alberto y Dolores Andrade. Esta se convertiría en la propietaria universal de Cremería Americana, con la intención de que, después de su fallecimiento, la empresa pudiera continuar generando un impacto positivo en la vida de miles de niños.

Y así ha sido desde su muerte, en 1976. A través de sus ganancias, esta fundación benéfica otorga becas educativas a niños y jóvenes.

Según cifras de la Fundación ADA, después de 48 años:

“La Fundación continúa con gran éxito, becando al cierre del 2025 a 2,069 estudiantes, así como apoyando con herramientas formativas y socioemocionales”.

Esta realidad es posible gracias a un hombre que, un día, tuvo una gran idea; y a una mujer que decidió hacer equipo con él. Su matrimonio no solo dejó como legado un producto que continúa llegando a millones de hogares, sino también un ejemplo de caridad: el de utilizar lo que se tiene para ayudar a miles de niños y familias a alcanzar sus metas y cumplir sus sueños.

Las 3 claves de Santa Mónica para mantener la calma cuando alguien grita, provoca o busca pelea

 

Las 3 claves de Santa Mónica para mantener la calma cuando alguien grita, provoca o busca pelea

Fuente: Religión en Libertad

Santa Mónica afrontó durante años situaciones difíciles. Su vida ofrece tres claves para responder a los gritos y conflictos sin perder la paz.

Los gritos y las broncas no son buenos modales - las cosas se pueden hablar con educación y respeto

Los gritos y las broncas no son buenos modales - las cosas se pueden hablar con educación y respeto


Santa Mónica conoció de cerca los conflictos familiares, pero aprendió a afrontarlos desde la paciencia, la oración y una profunda confianza en Dios. Su experiencia, narrada en buena parte por su hijo San Agustín en las Confesiones, ofrece enseñanzas que siguen siendo útiles hoy. Mantener la calma ante quien grita, no entrar en provocaciones y aceptar que no podemos cambiar al otro son tres claves inspiradas en su vida para afrontar las discusiones sin perder la paz interior.

La comunicadora mexicana Marcela Hernández nos muestra estas soluciones de la madre de San Agustín en un artículo titulado La fórmula de Santa Mónica para no pelear y mantener la calma, publicado en Desde la Fe, publicación de la Arquidiócesis de México:

«¿Cómo reaccionar ante una provocación sin terminar en una pelea? ¿Es posible conservar la calma cuando alguien está de mal humor, grita o busca discutir?

Cuando leí sobre “la fórmula de Santa Mónica para no pelear”, mi primera reacción fue pensar: “Claro, pero estamos hablando de Santa Mónica”. Su paciencia y su capacidad para mantenerse firme ante las dificultades parecen, a primera vista, virtudes demasiado elevadas para nosotros.

Sin embargo, al conocer más sobre su vida, especialmente a través de las Confesiones de su hijo, San Agustín, encontré algunas claves que pueden ayudarnos a enfrentar de otra manera los conflictos cotidianos.

Santa Mónica, la madre de san Agustín, obispo de Hipona y autor de Las Confesiones

Santa Mónica, la madre de san Agustín, obispo de Hipona y autor de Las Confesiones

No se trata de afirmar que Santa Mónica siguiera una fórmula para evitar las discusiones. Se trata de una interpretación personal inspirada en su vida, su fe y su manera de afrontar las dificultades.

Con admiración y respeto, estas son tres claves que pueden ayudarnos a aplicar hoy esa enseñanza.

La fórmula de Santa Mónica para no pelear:

  • 1.- Si alguien está de mal humor, intenta conservar la calma

Cambiar nuestro estado de ánimo no es un acto de magia. Tampoco significa ignorar lo que sentimos. Para reaccionar de una manera diferente ante un conflicto, primero necesitamos identificar qué estamos pensando y cómo ese pensamiento influye en nuestra respuesta.

Muchas veces enfrentamos los conflictos desde el ego, la inseguridad o la necesidad de tener la razón. Santa Mónica, en cambio, parece haber vivido sus dificultades desde el amor y la fe en Jesucristo.

Durante años pidió en oración la conversión de quienes amaba, particularmente de su esposo y de su hijo. Su confianza en Dios le permitió perseverar sin dejar que las circunstancias determinaran por completo su manera de actuar.

Cuando una situación inesperada nos lleva al límite, quizá no tengamos tiempo para hacer un profundo ejercicio de reflexión. Pero sí podemos detenernos un instante y preguntarnos: ¿Qué gano y qué pierdo si me pongo al nivel de esta persona?

La Biblia recuerda, “El que demora en encolerizarse vale más que un héroe; el que sabe dominarse es más que el conquistador de una ciudad.” (Pro 16,32).

Conservar la calma no significa permitir abusos ni aceptar cualquier comportamiento. Significa decidir conscientemente cuál será nuestra respuesta.

  • 2. Si alguien grita, responde con tranquilidad

Cuando una discusión sube de tono, es fácil responder con más gritos. Sin embargo, entrar en una competencia para determinar quién habla más fuerte rara vez resuelve el problema.

En mi opinión, una de las grandes enseñanzas que podemos encontrar en Santa Mónica es precisamente su capacidad para mantener una mirada más profunda ante las dificultades. Su fortaleza no provenía únicamente de su carácter, sino de su fe, su oración y su confianza en Dios.

Ante un conflicto, podemos intentar mirar más allá de la provocación inmediata y preguntarnos qué respuesta ayudará realmente a la relación.

Esto no significa quedarse callado siempre ni renunciar a expresar lo que pensamos. Significa aprender a hacerlo sin convertir la conversación en una lucha de poder.

A veces, hablar con serenidad es una forma de recuperar el control de la situación sin intentar controlar al otro.

  • 3.- Si alguien busca pelea, no tienes que entrar en ella

Hay una idea sencilla que puede ayudarnos en los conflictos: para pelear se necesitan dos. Tener claro que no queremos terminar en una discusión es importante. Pero la enseñanza que podemos extraer de Santa Mónica va más allá de simplemente evitar una pelea.

Su mirada estaba puesta en algo que consideraba más importante: la conversión y el bien de las personas que amaba. Santa Mónica no dejó de actuar, pero tampoco pretendió controlar la voluntad de los demás. Su principal herramienta fue la oración perseverante, acompañada de la confianza en que Dios podía actuar en la vida de quienes amaba.

Esta es una enseñanza especialmente importante para las relaciones familiares, pues nadie puede cambiar a otra persona si ésta no decide hacerlo libremente.

Podemos aconsejar, dialogar, acompañar y poner límites, pero no podemos controlar las decisiones del otro.

La enseñanza de Santa Mónica: escuchar más a Dios que al ego

Quizá ahí se encuentre la verdadera fórmula de Santa Mónica para no pelear. Más que buscar tener siempre la razón, podemos aprender a elevar la mirada por encima del ego y preguntarnos qué respuesta contribuye realmente al bien de la relación.

Santa Mónica no dejó de enfrentar dificultades. Tampoco tuvo una vida sin conflictos, su ejemplo muestra que es posible atravesar las dificultades sin permitir que el enojo, la frustración o la desesperanza tengan la última palabra.

Su vida estuvo marcada por la paciencia, la perseverancia y la oración. La conversión de su hijo, San Agustín, fue fruto de años de oración y confianza en Dios.

No necesitamos ser santos para comenzar a practicarlo, podemos empezar por algo sencillo, cuando llegue una provocación, hacer una pausa antes de responder; cuando alguien grite, evitar gritar más fuerte; y cuando no podamos cambiar al otro, poner esa situación en las manos de Dios.

Como Santa Mónica, podemos buscar que nuestras relaciones estén guiadas menos por el ego y más por el amor, la misericordia y la confianza en Jesucristo.

Quizá esa sea la verdadera fórmula para no pelear: no intentar vencer al otro, sino aprender a vencer aquello que dentro de nosotros nos lleva a responder desde el enojo».

Dioses, hombres y monstruos

 

Dioses, hombres y monstruos

Fuente: Religión en Libertad


Siempre hallamos en el hombre, desde la noche de los tiempos, la tentación de salirse de la casilla de su naturaleza. Hay en el ser humano una nostalgia de divinidad, propia de quien ha sido creado «a imagen y semejanza de Dios», que cuando enferma acaba creando monstruos; y por el camino el hombre acaba convirtiéndose a sí mismo en un monstruo maligno, a veces patético, atrapado en sus desvaríos y limitaciones.

La mitología pagana nos procura visiones de pesadilla en las que la transgresión de las barreras biológicas adquiere perfiles tenebrosos. Visiones horrendas que ilustran la promesa diabólica que, augurando al hombre su metamorfosis en un dios, lo deja más bien convertido en un monstruo. Todas las mitologías paganas burbujean de seres híbridos, a veces desdichados, a veces protervos, animales parcialmente humanos u hombres parcialmente animalescos, fruto de coitos aberrantes o maldiciones decretadas por dioses impíos. Pensemos, por ejemplo, en la Medusa, con su cabellera de serpientes ondulantes; pensemos en las sirenas, ninfas marinas con cabeza de mujer y cuerpo de ave; pensemos en la temible Esfinge, con cabeza y pechos de mujer, cuerpo de león y alas de pájaro; pensemos, en fin, en el Minotauro, descendiente de una estirpe divina por un lado, víctima de los devaneos zoófilos de su madre por otra, a quien Watts dedicaría un cuadro excepcional (que luego inspiraría a Borges su cuento La casa de Asterión) donde se ilustra a la perfección la condición trágica del monstruo.

La creación de criaturas aberrantes o quiméricas ha alimentado la fantasía de los escritores. En Frankenstein, de Mary Shelley, los miembros de diversos cadáveres son ensamblados y galvanizados para formar un nuevo ser. 

En La isla del Dr. Moreau, de H. G.Wells, los animales son operados y convertidos en criaturas parcialmente humanas. Ambas son novelas de amargo tono pesimista que nos advierten sobre el peligro de jugar a ser Dios. Moreau y Frankenstein son epítomes del científico demente que, en su afán por 'mejorar' la humanidad (siempre la coartada humanitaria al fondo), termina creando peligrosos monstruos. Y ambas pueden leerse hoy como una temprana crítica hacia la ingeniería biológica, que acabaría mostrando su rostro más protervo en la era de los totalitarismos (a todos nos han amedrentado con los experimentos del doctor Mengele) y que en esta era democrática se nos presenta bajo una máscara risueña y progresista, desde las 'terapias de conversión' para el cambio de sexo (que a la postre exigen mutilaciones o injertos de quirófano) hasta el transhumanismo

Por supuesto, esa máscara risueña y progresista (humanitaria, en fin) siempre se nos presenta como un 'mejoramiento' o divinización de lo humano; pero en su alma se esconde el horror de la deshumanización, la regresión al monstruo.


Este peligro de la involución humana también lo avizoró Wells en La máquina del tiempo, donde la ciencia acaba a la postre con la civilización, creando una raza de homínidos –los Morlocks– que han 'regresado' a la pura animalidad. Pero sería Aldous Huxley quien nos ofrecería una visión más sobrecogedora y realista de lo 'posthumano'. 

En Un mundo feliz (de Huxley), los embriones formados en matrices artificiales y diseñados genéticamente por otros humanos se han convertido (como ocurre en nuestras sociedades democráticas con los niños 'producidos' en 'vientres de alquiler') en productos elaborados de forma industrial, diseñados genéticamente para poseer tales o cuales capacidades y condicionados para ocupar un lugar específico en la sociedad, según las necesidades económicas del Estado. La biotecnología, para Huxley, además de conducir a una sociedad deshumanizada, consagra el totalitarismo.

Pero el totalitarismo también puede florecer en las sociedades democráticas, donde se ha terminado imponiendo lo que Habermas llamaba «eugenesia liberal», un modelo de 'mejoramiento' basado en la 'libertad de elección' de los individuos, que pueden escoger su sexo o determinar las características genéticas de sus hijos. 'Mejoramientos' que se justifican con coartadas siempre humanitarias: unas veces el anhelo de felicidad, de hallarse 'a gusto' dentro del propio cuerpo (como si el cuerpo fuese una vivienda que sometemos a sucesivas reformas), otras la 'optimización' de capacidades o del aspecto físico (como coartada del puro consumismo caprichoso). 

Se trata, una vez más, de hacer realidad aquella promesa que la antigua serpiente deslizó a Eva en el Edén: «Seréis como dioses». Una promesa que siempre se incumple para que, a la postre, sólo seamos monstruos melancólicos, como aquel Minotauro pintado por Watts.

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