Cuando la caridad viene en un empaque de mantequilla
Fuente: Aleteia
La empresa Cremería Americana ,al quedarse sin dueño, se convirtió en una fundación que hoy ayuda a miles de niños a cumplir sus sueños
Hay historias que nos enseñan que la caridad puede venir en un empaque de mantequilla.
A veces no pensamos que detrás de algo tan sencillo, como un alimento que utilizamos para cocinar, puede existir una historia interesante. Este es el caso de Cremería Americana, una empresa que hoy no solo es reconocida a nivel mundial, sino que también tiene un propósito que va más allá de sus productos: ayudar a niños y jóvenes a continuar con sus estudios.
Fundación de la empresa
Esta compañía nació en 1908, fundada por Alberto Andrade. Al principio era un pequeño negocio ubicado en las calles de la Ciudad de México. Lo que difícilmente se imaginarían quienes estaban detrás de aquel lugar llamado “Andrade y Zaragoza” era que llegaría a crecer a gran escala gracias a una técnica innovadora: la pasteurización.

Es increíble pensar que hoy conseguir este producto es tan sencillo: hay camiones especializados que lo llevan hasta los negocios y basta con ir a una tienda o supermercado para encontrarlo. Sin embargo, si nos trasladamos un siglo atrás, la distribución era muy distinta: la mantequilla se transportaba en carretas tiradas por mulas.
El negocio fue creciendo poco a poco hasta que Andrade comenzó a incorporar nuevos productos, entre ellos la cremaquilla, que se distinguía de la mantequilla por su precio.

La cremaquilla tuvo un gran éxito entre las panaderías mexicanas de aquella época, lo que impulsó rápidamente el crecimiento de la compañía. Andrade incluso llegó a cambiar el nombre del negocio por Cremería Americana.
El éxito continuó y, con el tiempo, patentó su famosa mantequilla de leche de vaca bajo el nombre de Gloria; la misma que conocemos hasta el día de hoy.
Se convirtió en una fundación
En la década de 1930, el fundador se casó con Dolores Contreras, una mujer originaria del estado de Puebla que se convertiría en un gran apoyo para la compañía. Su matrimonio terminó convirtiéndose en un verdadero equipo, incluso después de enterarse de que no podrían tener hijos.
Tras la muerte de su esposo, en 1952, Dolores comenzó a dirigir la empresa y formó un Consejo que la ayudaría a administrarla.

Cuando llegó el momento de hacer su testamento, le preocupaba ver a niños y niñas vendiendo periódicos y boleando zapatos en las calles. Fue entonces cuando tuvo la idea de crear una fundación que llevaría por nombre Fundación de Asistencia Privada Alberto y Dolores Andrade. Esta se convertiría en la propietaria universal de Cremería Americana, con la intención de que, después de su fallecimiento, la empresa pudiera continuar generando un impacto positivo en la vida de miles de niños.
Y así ha sido desde su muerte, en 1976. A través de sus ganancias, esta fundación benéfica otorga becas educativas a niños y jóvenes.
Según cifras de la Fundación ADA, después de 48 años:
“La Fundación continúa con gran éxito, becando al cierre del 2025 a 2,069 estudiantes, así como apoyando con herramientas formativas y socioemocionales”.
Esta realidad es posible gracias a un hombre que, un día, tuvo una gran idea; y a una mujer que decidió hacer equipo con él. Su matrimonio no solo dejó como legado un producto que continúa llegando a millones de hogares, sino también un ejemplo de caridad: el de utilizar lo que se tiene para ayudar a miles de niños y familias a alcanzar sus metas y cumplir sus sueños.
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