EL ENFERMO y LA ENFERMEDAD

EL ENFERMO y LA ENFERMEDAD

El enfermo nos hace ver que no somos invulnerables, que somos finitos y temporales.

Creer que somos invulnerables es caer en la autosuficiencia; algo irreal y fantasioso.

En enfermo ve al mundo con otros ojos, capta la realidad de forma distinta, ve la realidad de una forma que no estamos acostumbrados, sobre todo si estamos sanos.

La presencia del enfermo nos hace revalorar nuestras acciones, como vivimos, nuestros límites y nuestros excesos.

La enfermedad conlleva al sufrimiento, nos muestra que somos vulnerables, La enfermedad muchas veces nos sorprende en el momento más inesperado, nos hace reconocer que somos insignificantes.

La enfermedad y el sufrimiento nos sensibiliza de tal forma que empezamos a mirar a Dios.

Preguntas de reflexión:

Recuerda algún momento de sufrimiento por enfermedad ¿Sentiste la necesidad de Dios?,¿Qué hiciste?, ¿Crees que le sufrimiento hacer ver a Dios mas claro?

 

Bibliografía

Francesc Torralba; “El arte de Saber escuchar”

Arnaldo Pangrazzi, Girasoles frente a Sauces

 

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LA FELICIDAD

LA FELICIDAD

Los filósofos cristianos relacionan directamente la felicidad con el deseo y la búsqueda de Dios. De allí que al ser humano nada que no sea Dios puede apaciguarlo (San Agustín, Confesiones).

La felicidad entonces está en relación con el encuentro con Dios, con la relación y diálogo con Dios. Es así como el ser humano encuentra por fin la paz y serenidad anhelada.

Todo lo que existe en el mundo es efímero, pasajero, ni la fama, ni el dinero, ni el poder, ni los bienes materiales, ni el saber pueden extinguir el deseo de Dios. El deseo de felicidad solo se puede encontrar en lo eterno. Solo contemplando a Dios se es feliz.

Preguntas de reflexión:

¿Quieres ser feliz?

¿Cómo piensas hacerlo?


Bibliografía

Erick Fromm, “El arte de Amar”

Francesc Torralba; “El arte de Saber escuchar”


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LA DESESPERANZA EN EL MUNDO

 LA DESESPERANZA EN EL MUNDO

(Extracto del libro “al Cruzar el puente” de José Manuel Horcajo)

 En el mundo moderno, la enfermedad de fondo es la falsa de esperanza que provoca un miedo terrible a lo que pasará. La sociedad moderna llena de bienestar está repleta de miedo y pesimismo porque todo se pretende controlar y eso es imposible.

La vida real está repleta de incertidumbre a cada paso. Solo con una visión esperanzadora de la vida que solamente la puede dar Dios se puede vivir sin temores y angustia.

Muchos son los cristianos que viven en una monotonía y pereza espiritual esperando algo que los despierte mantienen un recuerdo vago de Dios, pero les falta algo que los remezca para que este recuerdo se convierta en deseo activo. El encuentro con otros cristianos y su testimonio lo hace posible.

Pregunta de reflexión

¿En qué medida tus angustias, miedos y temores tienen que ver con la desesperanza?


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Cuando no se cree

Cuando no se cree           


Pavlusha K. Luyando

Cuando no se cree en Dios se piensa que la vida acaba aquí, y por lo consiguiente no tendría sentido obrar bien si igual vamos a morir, convertirnos en polvo y no hay juicio final.

Si da igual vivir obrando como se nos antojara la vida no tendría sentido. ¿Acaso es igual ir arriba o abajo o a la derecha o a la izquierda?  Ir por la vida sin un punto de referencia es no tener orientación en la vida, y si no hay orientación entonces no hay metas que perseguir, ni ideales hacia donde llegar. SI no hay sentido el hombre se pierde cualquiera que sea su condición.

Los hombres que no creen en Dios viven confundidos, no alcanzan a conocer con profundidad el sentido de la existencia. Se maravillan por lo que existe en la naturaleza, y a pesar de que están frente a obras perfectas no pueden reconocer la obra de Dios ante sus ojos, confunden la creación con las creaturas y piensan que los astros, los animales las montañas o los fenómenos naturales son a los que deben rendir culto.

El que no cree en Dios estudia la naturaleza y empieza a creer que solo la inteligencia puede explicar el origen de todos los fenómenos existentes. Surge en él la idea de su omnipotencia, se pasa del culto de las cosas al culto del propio yo, creyéndose dios. Esa es la gran tragedia del hombre quedar ciego y no ver a Dios.

Es un error vivir al margen de creador, creyendo que solo la inteligencia o habilidad le basta para vivir. Se equivoca quien vive sin reglas y no tener miedo a cometer maldades. Dios es bondadoso y perdona, pero no a los que persisten voluntaria y conscientemente en el mal.

No es bueno aplazar la conversión, no sabemos el día ni la hora

Preguntas de reflexión

¿A veces vives como si Dios no existiera?

¿Qué te falta para cumplir la voluntad de Dios?

 

Bibliografía

Biblia Católica Latinoamericana

P: Alonso Rodríguez, Virtudes Cristianas


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misionero demostró cómo atraer a una cultura lejana

 

 misionero demostró cómo atraer a una cultura lejana

es.Aleteia.org
Screenshot
Ray Cavanaugh - publicado el 24/09/25

La adaptación, o lo que la Iglesia llama inculturación, es clave para compartir con éxito la Buena Nueva de Cristo, pero es difícil de implementar... este jesuita nos muestra cómo hacerlo posible

Para el siglo XVI, los avances en la navegación habían creado vastas posibilidades para los viajes de largas distancias. Pero, para un misionero, la tarea de evangelización implicaba más que simplemente llegar a un nuevo territorio; también debían encontrar la manera de compartir una nueva religión con las costumbres locales. El Padre Valignano es una excelente muestra de ello.

Los jesuitas en Japón

SAINT-FRANCOIS-XAVIER-JAPON-AFP
Representación de San Francisco Javier (1506-1552), misionero en Japón hacia 1549.

La misión jesuita a Japón había comenzado en agosto de 1549. Hubo muchas dificultades, incluidos obstáculos para una comunicación efectiva, ya que “la cultura de Japón era más extranjera que cualquiera de las que los [jesuitas] habían conocido hasta entonces”.

Cuando el padre Alessandro Valignano llegó a Japón en 1579, sintió que la misión jesuita existente había sido demasiado desdeñosa con la cultura japonesa y había alejado a mucha gente. 

El padre Valignano, erudito en derecho e hijo de una familia aristocrática de Nápoles, se había unido a la orden jesuita tras una intensa experiencia religiosa y más tarde fue enviado al Lejano Oriente en funciones de supervisión. 

Convencido de que la adaptación —o lo que la Iglesia denomina inculturación— era clave para el éxito de la evangelización, comenzó a adaptar la misión jesuita para reflejar esta convicción. Un ejemplo de adaptación fue que hizo que los sacerdotes se vistieran como monjes budistas para integrarse mejor con las costumbres japonesas. 

Tales esfuerzos pudieron haber tenido un efecto favorable en los lugareños. Pero algunos misioneros consideraron que Valignano se estaba excediendo en su deseo de adaptarse. Algunos jesuitas incluso recomendaron que los europeos conquistaran Japón. Pero Valignano no aceptó nada de eso. 

En cambio, enfatizó la importancia de la enseñanza del japonés para que los jesuitas no tuvieran que depender constantemente de traductores. Y ordenó que los jesuitas abandonaran cualquier intento de comer comida al estilo europeo y optaran por la cocina local. Además, cada jesuita debía tener una casa de té conectada a su residencia. 

A partir de 1580, los jesuitas establecieron su sede en Nagasaki. En los años siguientes, Nagasaki se convirtió en un bastión católico tan grande que se la comparó con Roma. 

El surgimiento de los seminarios japoneses

El objetivo final del Padre Valignano era que los misioneros europeos acabaran pasando a un segundo plano y que los propios japoneses dirigieran la Iglesia en Japón. 

Esta configuración requeriría un clero japonés nativo. Afortunadamente, logró convencer a los japoneses para que le permitieran establecer seminarios dedicados a la formación de sacerdotes nativos. 

Además de sus deberes religiosos, los jesuitas sirvieron como negociadores entre los comerciantes japoneses y europeos que llegaban a Nagasaki.

Como misioneros, los jesuitas se resistían a asumir este papel comercial, pero los señores feudales locales insistían. Además, los beneficios económicos que esto suponía eran necesarios para seguir financiando su misión; la costumbre japonesa de que los anfitriones ofrecieran regalos suponía una gran carga financiera para los jesuitas, que recibían numerosos visitantes. 

Cuando Valignano abandonó Japón en 1582, contaba con unos 150 mil católicos y un fuerte impulso para una Iglesia local. Sus logros lo llevaron posteriormente a ser descrito como "el hombre más destacado de las misiones [jesuitas] en Oriente después de Francisco Javier".

Tras su estancia en Japón, Valignano pasó varios años en India y Macao. También regresó a Japón en dos ocasiones, ejerciendo funciones diplomáticas para apaciguar a gobernantes autócratas. 

En enero de 1606, Valignano, que entonces tenía 66 años, falleció en Macao mientras se preparaba para visitar a los jesuitas en China continental. Para entonces, las autoridades japonesas comenzaban a reprimir brutalmente el cristianismo. Su creciente popularidad e influencia se habían convertido en una amenaza excesiva. 

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