Un ayuno agradable a Dios

Por San Juan María Vianney (1786-1859) 
presbítero, párroco de Ars Sermón para el 7º Domingo después de Pentecostés 

Más de una persona no puede ayunar, otros penan para hacer su oración mañana y tarde. ¿Podrán salvarse ya que es necesario rezar continuamente y hacer buenas obras para llegar al cielo? Mis hermanos, como nuestras buenas obras se reducen a la oración, ayuno y limosna, podemos fácilmente realizar todo eso, como lo veremos. (…) 
Practicamos un ayuno agradable a Dios, cada vez que nos privamos de algo que nos da placer. El ayuno no consiste en la privación del beber o el comer, sino de lo que nos halaga más el gusto. Algunos pueden mortificarse en la forma de estar cómodos, otros en las visitas que quieren hacer a los amigos que les gusta ver, otros en las palabras o discursos que les gusta hacer. 

Realiza un gran ayuno muy agradable a Dios el que combate su amor propio, su orgullo, su repugnancia a hacer lo que no le gusta o su no querer estar con personas que contrarían su carácter, sus formas de actuar. (…) Sí, mis hermanos, si queremos, no sólo encontraremos cómo practicar cada día el ayuno, sino a cada instante de la jornada. Díganme, ¿existe un ayuno más agradable a Dios que hacer y sufrir con paciencia ciertas cosas que frecuentemente les desagrada mucho? 

Sin hablar de enfermedades, discapacidades y otras aflicciones inseparables de nuestra miserable vida, tenemos ocasiones de mortificarnos sufriendo lo que nos molesta o repugna. (…) Bueno, mis hermanos, si sufrimos todo eso por el Buen Dios, únicamente para complacerlo, es el ayuno más agradable a Dios y de más mérito.


 

ORA ET LABORA (ORANDO Y TRABAJANDO)

ORA ET LABORA (ORANDO Y TRABAJANDO)

Por: Pavlusha K. Luyando

GRUPO DE PROFESIONALES CATÓLICOS - LIMA

La oración ayuda a hacer la acción y la acción hecha como se debe ayuda a hacer la oración.

Dice en Lucas 10, 40: “Pero Marta se preocupaba con muchos quehaceres, y acercándose, dijo: Señor, ¿no te da cuidado que mi hermana me deje servir sola? Dile, pues, que me ayude.”

Si a veces percibimos un sin sentido en la acción es porque no ayuda María (la oración), Martha (la acción) turbada con muchas cosas solicita la ayuda imperiosa de María. Así, cuando nos sintamos turbados por nuestros quehaceres al recurrir a la oración (María), enseguida notaremos que cesa la turbación.

Los creyentes que trabajamos y nos ocupamos de las cosas cotidianas, debemos impedir que se ahogue nuestro espíritu ni se pague la devoción. Debemos dejar un tiempo al sosiego espiritual, y refugiarnos en la oración.

Los quehaceres no son un estorbo, al contrario, nos pueden santificar si entregamos nuestras acciones a Dios, ya que hacemos como si le sirviéramos con las labores cotidianas. El problema es cuando se descuida la vida espiritual por la acción (obras), por ello hay procurar guardar equilibrio entre los que nos toca hacer y la espiritualidad. Un descuido nos puede llevar a exponernos a grandes caídas.

Evitando la Vanagloria

Evitando la Vanagloria                                    

Por: Pavlusha K. Luyando                                       Grupo de Profesionales católicos

Las obras tienen poco valor para Dios sino se hacen con buen fin e intención. Antes de empezar una buena obra es bueno meditarla, ordenarla y afinarla para que se encamine la intención a Dios.

Porque muchas veces nos buscamos a nosotros mismos en nuestras buenas obras y le quitamos mérito a Dios. Nos regocijamos por lo que hemos hecho por nuestro propio esfuerzo quitándole el mérito a Dios. Por ello es importante que desde que abrimos los ojos al despertar hagamos ofrecimiento de todos nuestros pensamientos y obras del día, pedirle que la gloria sea suya. De esta forma se evita la vanagloria.

Nuestro aprovechamiento y perfección no está en lo que hacemos, sino más bien en hacer la voluntad de Dios allí en donde estemos. "Ya sea que coman o beban o hagan cualquier otra cosa, háganlo todo para la gloria de Dios" (1 Corintios 10,31).

Cuando estudiemos, trabajamos, leamos, oremos o hagamos algún apostolado, el gusto y el contento nuestro ha de ser hacer la voluntad de Dios.


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