Evitando la Vanagloria
Por: Pavlusha K. Luyando Grupo de Profesionales católicos
Las obras tienen poco valor para Dios sino se hacen con buen fin e intención. Antes de empezar una buena obra es bueno meditarla, ordenarla y afinarla para que se encamine la intención a Dios.
Porque muchas veces nos buscamos a nosotros
mismos en nuestras buenas obras y le quitamos mérito a Dios. Nos regocijamos
por lo que hemos hecho por nuestro propio esfuerzo quitándole el mérito a Dios.
Por ello es importante que desde que abrimos los ojos al despertar hagamos
ofrecimiento de todos nuestros pensamientos y obras del día, pedirle que la
gloria sea suya. De esta forma se evita la vanagloria.
Nuestro aprovechamiento y perfección no está en
lo que hacemos, sino más bien en hacer la voluntad de Dios allí en donde
estemos. "Ya sea que coman o beban o hagan cualquier otra cosa, háganlo
todo para la gloria de Dios" (1 Corintios 10,31).
Cuando estudiemos, trabajamos, leamos, oremos o
hagamos algún apostolado, el gusto y el contento nuestro ha de ser hacer la
voluntad de Dios.
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