¿Cómo recuperar una vida feliz tras una aventura alocada?

  ¿Cómo recuperar una vida feliz tras una aventura alocada?

Fuente: Religión en  Libertad

Si a nosotros,  nos pidiera el hijo pródigo, reintegrado a su casa, que lo orientáramos para lograr rehacer su vida, ¿qué le diríamos? ¿Por dónde habría de comenzar?

Podría alguien pensar que la cosa era bastante fácil. El joven ansioso de vivir independientemente, con “libertad de maniobra” absoluta, ha recobrado un hogar donde va a tener asegurada con holgura su subsistencia. Tendrá que acostumbrarse a cumplir ciertas normas familiares, pero puede muy bien llevar una vida de honrado ciudadano. Esto es cierto, pero se queda muy corto. Hay que profundizar más, para que este joven desorientado desarrolle su personalidad y sea verdaderamente feliz.

Yo no tendría duda. (En estos casos es muy importante que la persona totalmente desorientada advierta que su orientador tiene las ideas claras debido a la confianza que le inspira el método que sigue.)

No dudaría en recomendarle lo siguiente: "Súbete al nivel 2, el del encuentro y la creatividad. Haz algo que te adentre en ese nivel, y te encontrarás moviéndote por el buen camino. Sin perder un minuto, comienza a hacer algo que signifique preocuparte del prójimo generosamente, y no sólo de ti mismo, y notarás desde el primer momento que estás bien encaminado. Esta seguridad te dará ilusión y buen ánimo.

Si te decides en serio a cambiar la actitud de egoísmo por la de generosidad, verás bien pronto que se te abren caminos de recuperación, porque ese cambio supone una transfiguración que lo mejora todo. Vivirás el encuentro con otras personas, y esta experiencia te llevará a considerar la práctica de la unidad como “el ideal de tu vida”, y ya estarás inmerso en el reino de los valores. Para esto deberás realizar una segunda transfiguración, incrementando tu generosidad y creando unidad no sólo con los allegados y amigos, sino con todo el que se te avecine. Si actúas movido por un alto ideal, vivirás ilusionado y con buen ánimo.

Verás que el método te guiará. Y esperará a que en cada momento vayas tomando las medidas que deciden tu actitud.

Ahora, todo tu empeño consistirá en ser perseverante en el cultivo de los valores, y llegar a conseguir que el valor de la unidad y el amor a tus prójimos sea en ti incondicional, absolutamente generoso. De este modo entrarás en el reino de lo divino. Justamente de éste te hablan todas las restantes parábolas del Evangelio.

No lo dudemos. El encuentro y el ideal son los dos grandes quicios para restaurar una vida desquiciada. El joven vuelto a casa volverá a estructurar su vida y darle la debida consistencia. Si lo consigue, se sentirá a gusto con su padre, porque ya sabrá coordinar la libertad y la obediencia, la independencia y la solidaridad. Y será un buen ejemplo para su hermano mayor acerca de cómo se llega a la felicidad dentro del orden familiar.

Al reintegrarse en la familia y descubrir la importancia del encuentro y el papel que juega el “ideal de la unidad”, el joven volverá a valorar el concepto de relación. Este paso adelante le será fácil de dar porque el camino seguido al asumir el “método lúdico-ambital” –método que pone en juego los ámbitos– está todo él inspirado por el pensamiento relacional, vigente en los niveles 2, 3 y 4. En estos niveles, las realidades actúan de manera relacional, apelando y respondiendo. Si alguien me invita a algo, espera de mí una respuesta adecuada. Si no, su actuación queda inoperante.

Lo decisivo para rehacer una vida desquiciada es recuperar el amor a los quicios, es decir, a las normas que nos permiten ser creativos. Esas normas no se oponen a la “libertad creativa”; se complementan. Entonces la vida se llena de concordia y creatividad, y, por tanto, de ilusión. No basta que el joven descarriado haya vuelto a casa. Ha sido un primer paso, ciertamente. Ahora, desde el hogar paterno debe hallar el verdadero camino hacia la felicidad, que no consiste en la entrega al vértigo de las tendencias pasionales, sino al cultivo del éxtasis, que supone la entrega a lo valioso.

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José Gregorio Hernández, el «médico de los pobres» venezolano, acaba de ser canonizado por León XIV

 José Gregorio Hernández, el «médico de los pobres» venezolano, acaba de ser canonizado por León XIV

José Gregorio Hernández Cisneros, santo y científico.

José Gregorio Hernández Cisneros, santo y científico.

Alfonso V. Carrascosa

27.10.2025 | 04:22

Actualizado: 


    San José Gregorio Hernández (1864-1919) fue un médico venezolano nacido en Isnotú, en el estado Trujillo, hacia el centro-oeste de Venezuela, con quien arrancó la historia oficial de la microbiología en Venezuela: con él al frente se fundó la Cátedra de Bacteriología y Fisiología de la Universidad Central de Venezuela (UCV) el 6 de noviembre de 1891, después de haber sido becado por el gobierno de la época para cursar estudios de especialización en París.

    Fue el primer paso de la institucionalización de esta joven disciplina científica de las ciencias naturales que se llevó a cabo en Venezuela. En san José Gregorio se dio la conciliación ciencia-fe al más puro ‘estilo español’, del que no paramos de dar ejemplos en ReL: si hay una nación cuya historia de la ciencia esté imbricada con el desarrollo de la fe católica, esa es España, y una nación hispanoamericana no podía ser menos, además en microbiología.

    La imagen de San José Gregorio lleva años presidiendo la mayoría de las camas hospitalarias, cuyos ocupantes de cualquier condición social aspiran, por vía de la fe, al sostenimiento de su ánimo y a la curación -a poder ser- o mejoría que la medicina terrenal no pueda darles. El Santo Padre León XIV acaba de canonizarlo el pasado 19 de octubre de 2025, XXIX domingo del Tiempo Ordinario, en la Plaza de san Pedro, diciendo al finalizar su homilía en la plaza de San Pedro:

    Estos fieles amigos de Cristo son … bienhechores de la humanidad con sus corazones encendidos de devoción, como … José Gregorio Hernández Cisneros. Que su intercesión nos asista en las pruebas y su ejemplo nos inspire en la común vocación a la santidad. Mientras peregrinamos hacia esa meta, no nos cansemos de orar, cimentados en lo que hemos aprendido y creemos firmemente (cf. 2 Tm 3,14). De ese modo, la fe en la tierra sostiene la esperanza en el cielo.

    Tras su canonización, probablemente la microbiología venezolana sea la única que tiene un santo al frente, del cual prácticamente todo lo que hay que saber se puede encontrar en el portal dedicado al nuevo santo.

    Los venezolanos celebran a sus dos nuevos santos, José Gregorio Hernández y la Madre Carmen Rendiles Martínez, el pasado 19 de octubre.

    Los venezolanos celebran a sus dos nuevos santos, José Gregorio Hernández y la Madre Carmen Rendiles Martínez, el pasado 19 de octubre.

    Tras los primeros pasos de San José Gregorio, la microbiología se fue desarrollando en los Institutos Pasteur de Caracas y Maracaibo a finales del siglo XIX, y a partir de 1958 en el Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas (INVIC). Este último contó ya en sus comienzos en el área microbiológica con un Departamento de Virología y otro de Patología Experimental que fueron fusionados en 1970 en lo que hoy constituye el Centro de Microbiología y Biología Celular.

    Ese mismo año se creó la primera Facultad de Ciencias del país en la Universidad Central de Venezuela (UCV), donde se establecieron laboratorios que hoy hacen investigación en aspectos bioquímicos y moleculares de microorganismos, fundamentalmente bacterias y parásitos.

    De reciente creación es la Colección de Cultivos Microbianos que reside en el Instituto de Biología Experimental de esa Facultad y que aspira a servir de referencia para los microbiólogos venezolanos.

    También desde el ámbito privado echó a andar no hace mucho el Centro de Biotecnología Polar, asociado a la industria cervecera más importante de Venezuela, con una investigación científica de alta calidad ligada, como era de esperarse, a los intereses de esa industria.

    A San José Gregorio le transmitieron la fe sus padres, quedando huérfano de madre siendo el mayor de seis hermanos, ayudado por su tía, religiosa dominica que fue exclaustrada por imposición legal laicista. De las segundas nupcias de su padre tuvo seis hermanos más.

    De excelentes cualidades para el estudio, terminó Medicina, graduándose con excelentes calificaciones, en la UCV el 29 de junio de 1888. Completó sus estudios en París. En 1908 sintió la vocación a cartujo, iniciando su noviciado en Italia, pero no cuajó. Desde 1909, cuando regresa de La Cartuja, residió en el sector La Pastora, dónde tenía su casa y «consultorio».

    Durante estos años acudía diariamente al templo del lugar, sin dejar de frecuentar los del centro, particularmente la Santa Capilla.

    Acudía diariamente a misa a La Pastora, donde vivó hasta su fallecimiento en junio de 1919. Mientras, seguía atendiendo gratuitamente a los pobres a la vez que siendo médico de varios presidentes de la República, de ministros y destacadas personalidades. Dicen que hablaba francés, alemán, inglés e italiano, además del español, y que tenía conocimientos musicales.

    El domingo 29 de junio, tras celebrar la eucaristía, murió después de ser atropellado por un vehículo en la esquina de Amadores, ubicada en el sector La Pastora, Caracas, de un golpe seco contra la acera que le fracturó el cráneo. A sus exequias asistieron decenas de miles de ciudadanos.

    "El médico de los pobres"

    Tras su muerte, la devoción a su figura no dejó de extenderse hasta nuestros días, siendo llamado “el médico de los pobres”.

    El cardenal José Humberto Quintero llegó a decir de él:

    • "El Dr. José Gregorio se destaca en la historia contemporánea con imponencia de montaña. De la infancia al minuto de la muerte, la vida de José Gregorio Hernández fue un constante subir hacia la perfección. La ciencia y la santidad eran sus metas. Triunfó alcanzándolas. Fue quien llevó el primer microscopio a Venezuela, como en España lo hiciera en el siglo XVIII Fray Benito Jerónimo Feijoó, aparato que acabó regalando al también presbítero católico conocido como el padre Sarmiento". 

    En el Prólogo de su libro ‘Elementos de bacteriología’ (1906) san José Gregorio dijo:

    • Por lo que a nosotros toca, hemos experimentado un vivo placer al escribir esta pequeña obra; porque además de que servíamos, en la medida de nuestras fuerzas, a la ciencia venezolana, hemos siempre tenido presente el pensamiento con que Cruveilhier termina el prólogo de su Tratado de Anatomía: que escribir una obra científica es propiamente entonar un canto de alabanza a la Gloria infinita de Dios, Creador del Universo.

    En el Prólogo de su obra ‘Elementos de filosofía’ (1912) diría:

    • El alma venezolana es esencialmente apasionada por la filosofía. Las cuestiones filosóficas le conmueven hondamente, y está siempre deseosa de dar soluciones a los grandes problemas que en la filosofía se agitan y que ella estudia con pasión…La filosofía es el estudio racional del alma, del mundo, de Dios y de sus relaciones… Mas si alguno opina que esta serenidad, que esta paz interior de que disfruto a pesar de todo, antes que a la filosofía, la debo a la Religión santa que recibí de mis padres, en la cual he vivido, y en la que tengo la dulce y firme esperanza de morir

    • Nota del autorLas opiniones recogidas en este artículo no tienen por qué coincidir con las oficiales de la institución en la que el autor desarrolla su actividad profesional como investigador del MNCN-CSIC.

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    6 santos de voluntad fuerte que no eran fáciles de manejar

     6 santos de voluntad fuerte que no eran fáciles de manejar

    Fuente: Aleteia

    santos, voluntad, difíciles, mártires, Cristo
    Meg Hunter-Kilmer - publicado el 26/10/25

    Si necesitas valor para librar las batallas necesarias en tu vida, estos santos de fuerte voluntad son precisamente los intercesores que estás buscando.

    Las estatuas de santos plácidos que sonríen beatíficamente nos han convencido a muchos de que la única forma de ser santo es sometiéndonos dócilmente a cualquier injusticia que podamos sufrir. Y aunque sin duda es posible ser santo si se es tímido o callado, también existe una antigua tradición de santos que se negaron categóricamente a someterse al maltrato. Si necesitas valor para librar las batallas necesarias en tu vida, estos santos de fuerte voluntad son precisamente los intercesores que estás buscando.

    1Santa Eulalia de Mérida

    santos, difíciles, carácter, Cristo, mártires
    Santa Eulalia de Mérida

    Santa Eulalia de Mérida (292-304) era una dulce virgen consagrada de 12 años que se indignó por la persecución de los cristianos. Aunque sus padres intentaron impedir que se enfrentara a los funcionarios implicados en la persecución, Eulalia se escapó y corrió a la ciudad, donde reprendió al juez y a sus soldados por su idolatría y por intentar desviar a los cristianos, gritando finalmente:

    «¡Hombres miserables! ¡Pisotearé a vuestros dioses bajo mis pies!»

     A continuación, escupió en la cara del juez y pateó sus ídolos, y fue martirizada por su arrebato.

    2Santa Eutropia de Reims (m. 451)

    Santa Eutropia de Reims (m. 451) era la hermana de San Nicasio, obispo de Reims. Cuando él fue arrestado y martirizado, Eutropia presenció su muerte. En lugar de permanecer serena, preparándose para morir, Eutropia se defendió. Se abalanzó sobre el asesino de su hermano, pateándolo, golpeándolo y sacándole los ojos. Fue ejecutada sumariamente.

    3Santa Wiborada

    Santa Wiborada (fallecida en 926) fue la primera mujer canonizada por Roma para su veneración universal. Ermitaña y profetisa suiza, Wiborada era encuadernadora en un monasterio cercano. Predijo una invasión inminente de las fuerzas húngaras e instó a los monjes a que salvaran los manuscritos más preciados huyendo con ellos.

    Pero Wiborada se negó a abandonar su puesto (o sus libros) y fue martirizada. Patrona de los bibliotecarios, se la representa con un libro en una mano y un hacha de guerra (el instrumento de su martirio) en la otra.

    4Beata Serafina Sforza

    La beata Serafina Sforza (1432-1478) se casó a los 16 años con un viudo llamado Alejandro, quien finalmente se fue a la guerra y la dejó a cargo de todos sus asuntos. Cuando regresó, Alejandro comenzó una aventura amorosa muy pública, lo que provocó la indignación de todo el personal de su casa e incluso de sus propios hijos, que lamentaban el maltrato a su querida madrastra.

    Cuando Alejandro la expulsó de la casa, Serafina se fue con las Clarisas, donde finalmente hizo sus votos. Alejandro finalmente se convirtió y volvió arrastrándose. Pero aunque Serafina lo había perdonado, era demasiado tarde para que él esperara que ella regresara.

    Por mucho que él la importunara, Serafina se negó a volver con él; él había tomado su decisión y tendría que vivir con las consecuencias. Alejandro vivió una vida solitaria de penitencia y falleció antes que ella. Serafina continuó su vida santa como monja y, finalmente, como abadesa.

    5Santa Magdalena Yi Yong-dok

    Santa Magdalena Yi Yong-dok (1811-1839) nació en el seno de una familia coreana empobrecida, hija de madre católica y padre anticatólico. Cuando su padre intentó concertar su matrimonio con un hombre no cristiano, ella trató de negarse. Al no conseguirlo, fingió estar demasiado enferma para casarse. Finalmente, Magdalena escribió una carta a su padre con su propia sangre, pero tampoco lo consiguió.

    Pidió permiso al obispo para abandonar su hogar, pero él le aconsejó que se quedara. Aunque Magdalena permaneció en casa unos meses más, finalmente encontró la situación insoportable y escapó a Seúl. Incluso entonces, el obispo insistió en que Magdalena regresara a casa, pero ella (que no había hecho ninguna promesa de obediencia en tales asuntos) se negó.

    Finalmente, el obispo cedió y Magdalena vivió una vida tranquila lejos de su padre hasta que fue arrestada y martirizada.

    6San Matías Mulumba Kalemba

    San Matías Mulumba Kalemba (1836-1886) fue el mayor de los mártires ugandeses, un hombre poderoso que dejó atrás a sus numerosas esposas para seguir a Jesús. Kalemba se convirtió en evangelizador (sin dejar su trabajo como jefe) y caminaba hasta 160 kilómetros para llegar a los tres centros de evangelización que había establecido.

    Aunque era altivo por naturaleza, Kalemba decidió liberar a todos sus esclavos y hacer él mismo incluso las tareas más humillantes. Cuando comenzó la persecución en Uganda, fue arrestado y se le ordenó marchar hacia su muerte junto con los demás que iban a ser martirizados.

    Kalemba se negó. «¡No voy a seguir adelante!», gritó, y se sentó en medio del camino. «¿De qué sirve llevarme a Namugongo?», exigió. «Matadme aquí».

    Sus asesinos hicieron precisamente eso, cortándole las extremidades una a una y asando su carne delante de él antes de dejarlo morir lentamente por la pérdida de sangre y la exposición al sol.

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