SIEMPRE HAY QUE SER AGRADECIDOS CON DIOS

 

SIEMPRE HAY QUE SER AGRADECIDOS CON DIOS


De camino a Jerusalén, Jesús pasaba por los confines entre Samaría y Galilea, y al entrar en un pueblo, le salieron al encuentro diez leprosos. Se detuvieron a cierta distancian y gritaban: «Jesús, Maestro, ten compasión de nosotros.»

Jesús les dijo: «Vayan y preséntense a los sacerdotes.»

Mientras iban quedaron sanos. Uno de ellos, al verse sano, volvió de inmediato alabando a Dios en alta voz, y se echó a los pies de Jesús con el rostro en tierra, dándole las gracias. Era un samaritano.

Jesús entonces preguntó: «¿No han sido sanados los diez? ¿Dónde están los otros nueve? ¿Así que ninguno volvió a glorificar a Dios fuera de este extranjero?»

Y Jesús le dijo: «Levántate y vete; tu fe te ha salvado.»  (En Lucas 17,11-19)

Agradecimiento: Don de Dios

Uno de los distintivos de todos los creyentes practicantes es ser agradecido por todo lo que Dios nos ha dado. Por eso el Papa Francisco dijo: “Cuando alguien nos ofrece un servicio, no debemos pensar que todo nos es debido. La gratitud, el reconocimiento, es ante todo una señal de buena educación, pero también es una característica distintiva del cristiano. Es un signo simple pero genuino del reino de Dios”.

El ser agradecido nos hace más felices

Uno de los dones que Dios nos ha dado es el de ser agradecidos, especialmente a Dios y a todas las personas que de alguna manera nos ayudan. Esto nos hace sentir que nosotros no estamos solos en la vida y que hay personas dispuestas a ayudarnos en las diferentes situaciones en las que nos encontramos. Son aquellos que experimentan el amor de Cristo en sus vidas.

El ser agradecido favorece a la persona que lo recibe

Al ser agradecido, el que se beneficia es la otra persona; cuando sabemos valorar su trabajo. Al mismo tiempo, ¿Cuántas veces uno mismo se siente feliz cuando alguien nos agradece? ¿Cuántas veces uno ha sentido que su trabajo es reconocido, valorado y aceptado? Lo importante de ser agradecido no es simplemente sentirse bien, sino que lo hace sentir bien a los demás y les inspira a ser agradecidos. Y saber que Dios nos bendice por cada acto de bondad que realizamos por los demás.

El ser agradecido fortalece las relaciones

Una de las consecuencias de ser agradecidos es que hace más fuertes nuestras relaciones personales con otros o con nuestros seres queridos. Cuando nosotros somos agradecidos con los demás, nos abre el camino para lograr una amistad más sólida, desinteresada. El ser agradecido es un regalo que viene de Dios hacia todos nosotros.

El ser agradecido crea una actitud profunda y auténtica

Al ser agradecidos desarrollamos una relación profunda y auténtica de amistad con las personas de nuestro entorno. Para que una amistad o relación perdure, tiene que ser genuina, sobre todo libre de prejuicios. Por lo que nosotros tenemos que saber imitar a Jesús, que él supo tener y crear relaciones legítimas de amistad y amor. Por lo cual, al ser agradecidos, vamos creando lazos profundos de amistad y un amor auténtico y desinteresado al igual que Cristo.

El ser agradecido nos hace más conscientes de la realidad del mundo y nuestro entorno

En todo el mundo hay momentos importantes donde nosotros debemos dar gracias a Dios. Donde se reúne toda la familia para dar gracias a Dios por la vida, por tener una familia, amigos/as, salud, un trabajo, un lugar donde vivir, por el alimento diario que recibimos y especialmente por todo cuanto hemos recibido de Dios en nuestras vidas.

Siempre hay algo en la vida por lo que nosotros debemos estar agradecidos. Ser agradecido no es un sentimiento superficial, sino que brota de la bondad de nuestro corazón. Como católicos, debemos recordar vivir constantemente en acción de gracias. A través de nuestro testimonio de vida diaria, hacia nuestro prójimo y de una manera especial celebrando la Eucaristía que es Acción de Gracias.

La mayor oración de gratitud en el mundo es la Misa. En la primera Misa, cuando Jesús celebraba la Última Cena con sus apóstoles, “dio gracias” con el pan y el vino (Lc 22:7-20). La Misa es una gran oración de gratitud. Individual y colectivamente damos alabanzas y gracias a Dios Padre por su acción salvadora a través de Jesucristo.

La gratitud, la capacidad de dar gracias, nos hace apreciar la presencia en nuestra vida de Dios y nos ayuda a reconocer la importancia de los demás, y la indiferencia que desfiguran nuestro corazón. Es fundamental saber decir ‘gracias’. No olvidemos esta palabra clave” (Papa Francisco, Homilía, 9 de octubre de 2022).

El verbo griego para dar gracias es “eucharistein”. De ahí proviene la palabra “Eucaristía”. Literalmente significa “acción de gracias”.

Preguntas de reflexión

¿Alguna vez has sido testigo de que alguien no ha recibido el agradecimiento que se merece?

¿Crees que te ha faltado agradecer a alguien alguna vez?

¿Agradeces a Dios como se debe?


Bibliografía:

Biblia Católica Latinoamericana

https://themiscellany.org/agradecimiento-don-de-dios

https://Catholic.net


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