HONRA A TUS PADRES


HONRA A TUS PADRES

Sirácides Cap 3, 

Biblia Católica Latinoamericana

El Señor quiso que los hijos respetaran a su padre, estableció la autoridad de la madre sobre sus hijos. El que respeta a su padre obtiene el perdón de sus pecados; el que honra a su madre se prepara un tesoro. Sus propios hijos serán la alegría del que respeta a su padre; el día en que le implore, el Señor lo atenderá.

El que respeta a su padre tendrá larga vida; el que obedece al Señor será el consuelo de su madre. Servirá a los que le dieron la vida como si sirviera al Señor. Actúa así, honra a tu padre de palabra y de hecho, y su bendición se hará realidad para bien tuyo.

La bendición de un padre afirma la casa de sus hijos, pero la maldición de una madre la destruye hasta los cimientos. No te alegres de la deshonra de tu padre: su vergüenza nunca será motivo de gloria para ti.

El honor de un hombre depende de la reputación de su padre; cuando una madre mereció el desprecio, salieron deshonrados sus hijos. Hijo mío, cuida de tu padre cuando llegue a viejo; mientras viva, no le causes tristeza. Si se debilita su espíritu, aguántalo; no lo desprecies porque tú te sientes en la plenitud de tus fuerzas.

El bien que hayas hecho a tu padre no será olvidado; se te tomará en cuenta como una reparación de tus pecados. En el momento de la adversidad será un punto a tu favor, y tus pecados se derretirán como hielo al sol.

Abandonar a su padre es como insultar al Señor; el Señor maldice al que ha sido la desgracia de su madre. Hijo mío, actúa con tacto en todo, y serás amado por los amigos de Dios. Mientras más grande seas, más debes humillarte; así obtendrás la benevolencia del Señor. Porque si hay alguien realmente poderoso, ese es el Señor, y los humildes son los que lo honran.


LA VOLUNTAD DE DIOS

 LA VOLUNTAD DE DIOS

«La perfección de la vida cristiana consiste en la conformidad de nuestra voluntad con la de Dios, que es la soberana regla y ley de todas las acciones»

«La virtud de la devoción no es más que una general inclinación y prontitud del alma para hacer lo que se sabe agradable a Dios”

Cumplir los mandamientos es el primer deber de un alma deseosa de hacer la voluntad de Dios. Escribe san Francisco de Sales: «Antes que nada, es necesario observar los mandamientos generales de la ley de Dios y de la Iglesia, que obligan a todo fiel cristiano; y sin ello -añade- no puede haber ninguna devoción.

'«Por eso, siempre debemos procurar cumplir lo que Dios manda a todos los cristianos... y quien esto no observe cuidadosamente, sólo tendrá una devoción falsa». Y aún hay más: quien aspire a una vida fervorosa, tiene que observar los mandamientos «con prontitud y con gusto»

«Muchos cumplen los mandamientos como quien traga una medicina, más por miedo a condenarse que por el placer de vivir según la voluntad del Salvador”. Y es ésa una peculiaridad de la condición humana, que siente horror a todo lo que le es impuesto. «Y así como hay personas que, por agradable que sea un medicamento, lo toman de mala gana, sólo porque es medicamento, así hay almas que tienen horror a lo que se les manda por el hecho mismo de ser mandado.

«Eva, de cien mil frutos deliciosos, escogió el que se le había prohibido, y seguro que, si se le hubiera permitido probarlo, no se lo habría comido». "Gusto por la independencia, ciertamente, pero también debilidad de nuestra naturaleza, que se asusta a veces de las exigencias de los mandamientos. Si tuviéramos verdadero amor de Dios, las dificultades, en vez de echarnos para atrás, aumentarían nuestro ánimo y convertirían en dulce y agradable lo que nos parece áspero y molesto.

«Además de los mandamientos generales -escribe san Francisco de Sales-, hay que cumplir exactamente los mandamientos particulares que nuestra vocación nos impone», porque también ellos son expresión de la voluntad divina.

Si yo permaneciera toda la semana en oración, si ayunara toda mi vida, pero no visitase a las mías, me perdería. Si una persona casada hiciera milagros, pero no cumpliese sus deberes matrimoniales para con su cónyuge, o no cuidase de sus hijos, sería peor que un infiel, dice san Pablo».

Esta es una verdad que es necesario profundizar: nuestra vocación y sus deberes son queridos por Dios. Pero ¿nos consagramos verdaderamente a los deberes de nuestro estado de vida para agradar a Dios?

«Todos los días pedimos a Dios que se haga su voluntad, y, cuando llega el momento de cumplirla, ¡cuánto trabajo nos cuesta!

Nos ofrecemos al Señor, le repetimos: Señor, soy todo vuestro, aquí tenéis mi corazón. Pero cuando quiere servirse de él, ¡somos tan cobardes! ¿Cómo podemos decirle que somos suyos, si no queremos acomodar nuestra voluntad a la de Él?»

''Tengamos en cuenta, además, que esos «mandamientos particulares de nuestra vocación», son, al igual que los generales, «dulces, agradables y suaves». «¿Qué es, pues, lo que nos los hace molestos? En realidad, solamente nuestra propia voluntad, que quiere reinar en nosotros al precio que sea... Queremos servir a Dios, pero haciendo nuestra voluntad y no la suya. No nos corresponde a nosotros escoger a nuestro gusto; tenemos que ver lo que Dios quiere, y si Él quiere que yo le sirva en una cosa, no debo servirle en otra». Pero eso no hasta. Una persona fervorosa, «devota», como dice San Francisco de Sales, debe cumplir sus deberes, todos sus deberes, con amor y con gozo.

«Esto no es todo -continúa san Francisco de Sales-, sino que, para ser devoto, no sólo hay que querer cumplir la voluntad de Dios, sino hacerlo con alegría. Si yo no fuera obispo, quizá no querría serlo, por saber lo que sé; pero, puesto que lo soy, no solamente estoy obligado a hacer todo lo que esa penosa vocación exige, sino que debo hacerlo con gozo, y complacerme en ello y sentir agrado.

Es lo que dice san Pablo: que cada uno permanezca en su vocación ante Dios. No tenemos que llevar la cruz de los demás, sino la nuestra, y para poderla llevar, quiere nuestro Señor que cada uno se renuncie a sí mismo, es decir, a su propia voluntad. Es una tentación decir: Yo quisiera esto y lo otro, yo preferiría estar aquí o allá. Nuestro Señor sabe bien lo que hace; hagamos lo que Él quiere y quedémonos donde Él nos ha puesto»."

Y es que, efectivamente, nos sucede que no queremos aceptar nuestra vocación e intentamos huir de ella. ¿Es quizá la prosaica monotonía de la vida cotidiana, para la que tanta paciencia necesitamos; o el gris descolorido de nuestras jornadas, que exaspera nuestros nervios y nos hace soñar con otra situación más fácil que podría darnos la sensación de que estábamos en nuestro lugar y, libres de irritantes servidumbres, podríamos, por fin, ¿lograr la felicidad?

Todo eso es un vano sueño que corre el riesgo de ser peligroso, porque nos hace imaginar un estado de vida que no es el que Dios ha querido para nosotros. «Es cierto -escribía san Francisco de Sales- que nada nos impide tanto perfeccionarnos en nuestra vocación como aspirar a otra; porque, en vez de trabajar en el campo propio, enviamos nuestros bueyes y nuestro arado al campo del vecino, donde ciertamente no cosecharemos este año. Y todo eso es una pérdida de tiempo, pues es imposible que, teniendo puestos nuestros pensamientos y esperanzas en otra parte, podamos aplicarnos a conseguir las virtudes requeridas para el lugar en que nos encontramos».

La dispersión del corazón es siempre peligrosa: tener el corazón en un lugar y el deber en otro»

“Os ruego encarecidamente que seáis fiel en practicar la aceptación y dependencia de vuestro estado”

PREGUNTAS PARA COMPARTIR Y REFLEXIONAR:

1.     ¿Haces la voluntad de Dios en tu vida cotidiana?

¿Cómo Dios te hace saber su voluntad

LA EDUCACIÓN ES UNA OPERACIÓN SOBRE EL ALMA

 LA EDUCACIÓN ES UNA OPERACIÓN SOBRE EL ALMA


El hombre a comparación de los animales está prácticamente desnudo en la naturaleza: sin pelaje que lo abrigue, sin garras que lo defiendan de sus enemigos, sin alas que le hagan volar, el hombre no tiene nada de eso. Pero Se le ha concedido la inteligencia para fabricarse con sus propias manos, un abrigo, una lanza o unas alas para defenderse, conseguir alimento y escapar de sus enemigos.

El hombre depende del conocimiento para construir y fabricar sus herramientas para modificar su entorno. El hombre depende del conocimiento para poder conocer lo que lo rodea. No basta la sola experiencia, lo debe aprender de alguien que tiene más experiencia y conocimiento de la realidad; por ello el conocimiento es un legado que debe transmitirse entre seres humanos.

El ser humano solo no pudo haber sobrevivido hasta nuestros días. El ser humano sin la ayuda del grupo es una de las creaturas más indefensas sobre la tierra, no hubiera podido adaptarse a todos los cambios en nuestro planeta.

Al llegar a un grupo social que ya posee conocimientos puede convertirse en la creatura más poderosa de todas, sin embargo, para ella deberá aprender.

La educación separa al hombre de la bestia. “Educar” en latín de forma literal significa “conducir fuera de uno mismo”. La educación es una apertura a lo que está más allá de uno mismo, a todas aquellas cosas que parecen automáticamente ante nosotros.

Para conducir a otro hace falta que otro le facilite dicha conducción.

La educación es una operación sobre el alma. Condiciona la vida entera de la persona. Las dimensiones morales y políticas que la educación involucra repercuten sobre el alma. Pero hace tiempo hemos perdido esto de vista. Redijimos la educación a una pobrísima instrucción técnica, concebida exclusivamente para satisfacer la necesidades y deseos del cuerpo.

El filósofo Sócrates decía que era un peligro exponer el alma a cualquiera, es decir que tiene un riesgo tremendo que cualquiera tome las riendas de la enseñanza.

Santo Tomas decía que la educación era la conducción y promoción de la persona al estado perfecto del hombre. Decía también que “está claro que Dios es quien interior y principalmente enseña”, sin embargo, la aplicación de esos principios debe ser enseñada por alguien.

La virtud es la única cosa difícil y esencial en la enseñanza, y no una atrevida petulancia, o una habilidad para desenvolverse. El bien sólido y substancial el preceptor debe convertir en objetivo de sus lecturas y de sus conversaciones. La labor y el arte de enseñar debe llenar el espíritu y consagrarse a conseguirlo, para transmitir al que está aprendiendo su fuerza y su alegría.

Con la educación se enseñan los principios morales, se enseña a confiar en los padres y en Dios. Con la educación se aprende a rezar, a dominar las pasiones y pedir la gracia a Dios para poder vencer la tentación y levantarse de las caídas.

Hoy en día hablar de Dios y de moral, suena poco menos que a represión. Bueno es negar el sentido moral concreto. Malo es decir que el valor moral en concreto resulta perjudicial para el hombre.

La enajenación moral en la actualidad plantea que “todo vale lo mismo”. La moral que permitía mantener unido al grupo y dando estabilidad a las expectativas sociales ha sido despojada de la dimensión del deber. El actual hundimiento de las sociedades es, en gran medida, efecto de la desaparición de la moral. Las morales tradicionales de raigambre teológica, se articularon en torno a un sentido fuerte del deber. Los derechos son acompañados de obligaciones que constituyen la contracara de la misma moneda.

No hay progreso sino se educan los deberes del hombre. El estado se ha convertido en un apañador cuya única obligación es la exaltación del deseo. Solo gozar y divertirse en el objetivo de la masa.

Si no hay sentido del deber la sociedad no se articula ni se estabiliza, surge fricción entre sus miembros carentes de valores. Sin un sentido moral de la existencia al quitar a Dios de su perspectiva; la sociedad entra en conflicto: corrupción, delincuencia, políticos egoístas, padres e hijos indiferentes, violencia, individualismo… la sociedad se deshumaniza.

La transmisión de conocimientos y valores requiere que el transmisor procure virtudes en su persona y tener a Dios como punto de referencia tanto de obra como en la contemplación.

La crisis de valores en la actualidad aleja al hombre de la verdad y lo deja solo para que actúe y juzgue según le parezca a través de un Like.

 PREGUNTAS DE REFLEXION

1.    ¿Cuál es la función de la parroquia ante la crisis de valores en la actualidad?

2.   ¿Los Católicos estamos dando alternativas concretas para hacer frente a la confusión reinante en la sociedad?

3.    ¿Qué más crees que se puede hacer para hacer frente a esta realidad?

Bibliografía

Manuel Tamayo. “Educación en Ciernes”

Agustín Laje.  “Generación Idiota”

 

LA CORRECTA ACTITUD FRENTE A LAS PRUEBAS


LA CORRECTA ACTITUD FRENTE A LAS PRUEBAS


¿Qué importa un entorno brillante si mi corazón se hunde en la desesperación?

Cuando las aflicciones nos golpean, se perturba nuestra sensibilidad, nuestra inteligencia se indigna, nos vemos tentados a culpar a Dios de la injusticia; ese es el error, este comportamiento prolonga el sufrimiento y lo exacerba.

Toda prueba hay que aceptarla, Dios la quiso o la permitió. Es decir, aceptar las dificultades que nos trae nuestro ambiente familiar y social. Incluso aceptar el peso del cansancio de nuestro mal obrar.

Esa es la clave para obtener la paz interior, fuera de ello solo hay ilusión y agravación del sufrimiento.

No aceptamos las pruebas porque pensamos que es mal absoluto, y en realidad es un mal transitorio y relativo, incluso puede ser un remedio muy benéfico de bien en potencia.

Rechazar es renunciar a las delicias del fruto oculto bajo la cáscara que caerá cuando llegue la madurez.

Dios quiere el bien estable en nosotros, por ello la prueba nos purifica, nos desapega, ilumina la inteligencia, nos da fortaleza, nos hace madurar, afina nuestra sensibilidad, hace de nosotros personas nuevas.

El que no cree no tiene el sostén de la consolación que otorga la fe. Aceptar con lealtad, aunque sea a disgusto, mediante un acto de voluntad es el objetivo del cristiano. La palabra de Dios obra prodigios, produce inmediatamente afectos benéficos si aceptamos las dificultades con ayuda de Dios.

Es normal contrariarse frente a las dificultades, pero si no combatimos nuestra emotividad el desorden se adueña de nuestras facultades, entonces la emoción dominará sobre la razón y nos turbamos, nos exaltamos por no buscar argumentos razonables.

Al rebelarnos multiplicamos los sufrimientos, sin modificar el lado objetivo del problema.

En vez de ceder a nuestro impulso emotivo ¿Por qué no reflexionar con calma sobre la situación?

Una situación difícil acarrea ventajas y desventajas. En cuanto a las ventajas, las situaciones difíciles nos hacen madurar, nos proporcionan discernimiento, desapego y cercanía a Dios. Las desventajas es que nos produce dolor y sufrimiento temporal, rebelión contra Dios, tortura psicológica, angustia, y malas decisiones.

La “mínima resignación” frente a las cruces que nos toca vivir, destruye la oposición de nuestra voluntad a la de Dios, de esta forma la apisonada violencia desaparece como por encanto restableciéndose la calma.

La doctrina católica nos enseña que ninguna dificultad la podríamos llevar sin la gracia de Dios. Nuestra correspondencia a la gracia de Dios tiene un premio: el apaciguamiento, aumentando de esta forma nuestra fortaleza interior de forma paulatina.

Cada prueba es un remedio para fortalecer el alma, ese es el plan de Dios. La prueba se prolonga hasta lograr su objetivo. Si nos rebelamos contra ella, obstaculizamos su acción medicinal, con nuestra sumisión aceleramos su rendimiento efectivo.

La práctica de la resignación produce distensión espiritual. Fiat, Deo gracia: Acepto, a Dios Gracias. La resignación produce un efecto benéfico sobre el sistema nervioso, conlleva ala relajación muscular, disminuye la tensión cerebral, disminuye el estrés, da calma, repara las fuerzas internas.

La prueba es muy penosa muchas veces, Dios es quien la permite para el bien de nosotros.

La resignación cristiana no significa predicar el desánimo o matar la iniciativa o aceptar cobardemente la derrota o el infortunio o estimular la pereza o la inacción.

Un cristiano se resigna frente a la enfermedad, pero jamás deja de ir a un médico a tomar medicamentos, no renuncia a la esperanza de curarse.

La práctica de la aceptación no conduce a la pasividad, sino más bien saca el mejor partido delas circunstancias desfavorables.

Bibliografía:

Raymund de Sant Laurent: El secreto de la felicidad”

Preguntas de reflexión

1.       ¿Cuál es la dificultad que más te ha causado (o causas) más dificultad aceptarla?

2.      ¿Qué hiciste (o que podrías hacer) con ella para recobrar la calma?

EL APOSTOLADO NOS PUEDE SANTIFICAR O NOS PUEDE LLEVAR A LA RUINA ESPIRITUAL

EL APOSTOLADO NOS PUEDE SANTIFICAR O NOS PUEDE LLEVAR A LA RUINA ESPIRITUAL

Nuestro Señor exige a aquellos que se digna asociar a su apostolado, que no solamente se conserven en la virtud sino que progresen en ella. Pruebas abundantes de esto tenemos en las epístolas de San Pablo a Tito y a Timoteo, y en las exhortaciones del Apoca­lipsis a los obispos de Asia.

El apostolado, en cualquiera de sus formas, practicado porque Dios lo quiere y con las condiciones debidas, es un excelente medio de santificación para el apóstol. 

 El apóstol de vida activa debe confiar, por tanto, que no le faltará la gracia para llegar a la santidad, y esto acontece en cualquier tipo de apostolado, por muy humilde que sea (cuidado de enfermos, enseñanza, catequesis…). Debe estar convencido que su actividad, lejos de impedirle la contemplación, es la mejor disposición para la misma. Así se ha constatado en muchas almas que llegaron a un alto grado de contemplación, a las que Dios les encomendó una determinada tarea de vida activa: obras de caridad, predicaciones, catequesis, visita de enfermos, etc.

Habrá actividades apostólicas especiales, en que, por existir un grave peligro contra la fe o la castidad, Dios exige que se abandonen. Pero exceptuando estos casos, las obras de caridad, si se hacen en unión con Dios, son un excelente medio para alcanzar la santidad.

Se ha podido comprobar muchas veces cómo las obras apostólicas pueden ser para el apóstol que las lleva a cabo, en vez de un medio de santidad, un instrumento para su ruina espiritual. Y esto se da cuando el apóstol no cuida al mismo tiempo su vida interior.

Un hombre de acción, quien trató  de indagar la causa del triste estado espiritual en que se hallaba, dio la siguiente respuesta: «Mi plena dedicación a las obras me perdió. Sentía un verdadero placer en trabajar y servir a los demás, y como el éxito me sonreía, Satanás supo arreglárselas para sacar partido y seducirme durante muchos años con el delirio de la acción, quitándome todo gusto por la vida interior».

 

Este apóstol, dejándose llevar por la natural satisfacción que comporta la acción, dejó que se disipara su vida interior, que era el calorcillo que hacía fecundo su apostolado y protegía su alma del enfriamiento espiritual. Trabajó mucho pero lejos del sol que vivifica. Como diría S. Agustín, corría con presteza, pero fuera del camino (S. Agustín). Por eso las buenas obras, santas en sí mismas, se convirtieron para él en una espada de doble filo, que hiere al que no conoce su manejo.

 

Dios quiere las obras de apostolado sean un medio de santificación. El apostolado, para el alma que ha llegado a la santidad, le ofrece muchas ocasiones para perfeccionarse y adquirir méritos. Sin embargo, para los que comienzan y para los que no tienen todavía arraigada la vida interior, el apostolado puede ser un peligro si no toman las precauciones requeridas, como son la pureza de intención, la vida de oración y la guarda de corazón.

 

La vida interior previene contra los peligros de la acción, Mientras que el obrero evangélico sin vida interior ignora los peligros que las obras llevan consigo, como un viajero incauto que atraviesa un bosque infestado de bandidos, el verdadero apóstol los teme, y todos los días se previene contra ellos mediante un esmerado examen de conciencia para descubrir su punto flaco.

 

La vida interior repara las fuerzas del apóstol ¡Qué difícil resulta, en medio de la actividad y dentro del mundo, conservar el espíritu interior y la pureza de intención! Esto sólo lo logra el hombre santo. Solamente él sobrenaturaliza de tal forma su trabajo, inflamándolo de caridad, que lejos de disminuir sus fuerzas, acrecienta la gra­cia santificante en su alma.

 

El corazón está tan absorbido por la acción, que fácilmente se pierde la pureza de intención y el amor de Dios. Pero el Señor no disminuye por eso su gracia si ve que la persona hace serios esfuerzos por guardar su corazón para Él a lo largo del día, y si al acabar el trabajo, corre hacia Él para reponer las fuerzas perdidas. Este esfuerzo continuo por volver a empezar, tras desgastarse en la vida activa, es lo que más le agrada a Dios.

 

Estas imperfecciones se van haciendo cada vez menos frecuentes en los que luchan y responden a la invitación de Jesús que nos dice: Venid a un lugar retirado, solitario y tranquilo, para descansar un poco (Marc 6,31)

 

La vida interior proporciona alegría y consuelo. Sólo un amor ardiente e inquebrantable llena de sentido la vida, aun en medio de los mayores dolores y fatigas. La vida del verdadero apóstol es una serie de trabajos y padecimientos. Por muy alegre que sea su carácter, no le han de faltar.

 

La vida interior es un escudo contra el desaliento

«Cuando Dios quiere que una obra sea totalmente suya, la reduce a la impotencia y a la nada, y después la hace Él» (Bossuet).

No hay cosa que más ofenda a Dios que la soberbia. Cuando buscamos el éxito, podemos fácilmente, por carecer de pureza de intención, llegar a erigirnos en una especie de divinidad, y considerarnos como el principio y el fin de nuestros actos.

 

Es el caso del apóstol dinámico y abnegado que tras poner en marcha una obra se envanece de los éxitos logrados, y que, al poco tiempo, por distintos motivos, la obra se viene abajo. Repentinamente, de la alegría, pasa al abatimiento y desaliento más absolutos.

 

El apóstol de vida interior, en cambio, cuando experimenta el fracaso no se abate. Porque siempre trabaja unido a Jesucristo, parece oír que desde el fondo de su corazón le dice: No tengas miedo, las mismas palabras que les dijo a los apóstoles cuando estaban a punto de zozobrar en la tempestad. Por eso, no pierde la paz, sino que acude con redoblado fervor a la Eucaristía y a la Virgen María, su Madre, donde se refugia. Su alma no queda aplastada por el fracaso, al contrario, sale rejuvenecida.


Tal es la actitud con que vivía S. Ignacio de Loyola y que le hacía exclamar: «Sí se diese el caso de que la Compañía de Jesús fuese disuelta sin culpa mía, me bastaría un cuarto de hora de oración para recobrar la calma y la paz». «El corazón de las almas interiores —dice el Cura de Ars—, permanece, en medio de las humillaciones y sufrimientos, como una roca en medio del mar».

 Es la persona de vida interior, que vive unida al Señor, la que atrae las bendiciones de Dios. Jesucristo derramó por nosotros su sangre en el Calvario, pero no es hasta Pentecostés cuando su Redención empieza a dar su fruto en las almas. Los apóstoles eran cobardes y pusilánimes, pero desciende sobre ellos el Espíritu Santo y los transforma en hombres de vida interior, y su predicación hace maravillas.

 

«Entre la palabra, el ejemplo y la oración, lo principal es la oración», dice S. Bernardo. Un claro ejemplo lo tenemos en los mismos apóstoles, quienes no les importó dejar ciertas obras, para dedicarse mejor a la oración: Oración primero y sólo después el Ministerio de la Palabra (Hechos 6,4).

Jesucristo le da una importancia primordial a la oración. Al ver las incontables almas que a lo largo de los siglos habrá que evangelizar, dice con cierto aire de tristeza: La mies es mucha y los obreros pocos (Mat 9,37).

 

Bibliografía

J. Chataurd “EL alma de todo apostolado”

P. Alonso Rodriguez “Virtudes Cristianas”

 

DIOS QUIERE LAS OBRAS Y LA VIDA INTERIOR

 DIOS QUIERE LAS OBRAS Y LA VIDA INTERIOR

¡Qué admirable designio de la Providencia! Por medio de la iglesia debe co­nocer el hombre el camino de la salvación.

Sólo Jesús derramó su sangre por la Redención del mundo, pero ha querido servirse de cooperadores para distribuir sus beneficios. ¡Admirable condescendencia de Dios Padre! A nosotros, pobres criaturas, nos ha querido asociar a sus trabajos y a su gloria.

 

La Iglesia ha tenido en todas sus épocas, una legión de colaboradores entre los seglares, verdaderos apóstoles con su ejemplo y su palabra, que incluso han llegado a veces hasta derramar su sangre por Jesucristo.

Es realmente asombrosa esta eflorescencia de obras de apostolado que nacen, en el momento más oportuno, para dar respuesta a las nuevas necesidades y peligros que surgen en cada época. En todas ellas hay que constatar el mismo espíritu que animaba a San Pablo: Yo muy gustosamente me gastaré y desgastaré por vuestras almas (2 Cor 12,15).

 Los soldados de Cristo, que llenos de ardor apostólico, se exponen, precisamente a causa de la enorme actividad que despliegan, al peligro de no ser, ante que todo, hombres de vida interior, que pueden sentir la tentación, ya sea por los fracasos o por el cansancio del apostolado, de abandonar la lucha desalentados y desertar del campo de batalla.

Ay de mí, si no evangelizare (1 Cor 9,16) no nos puede hacer olvidar la advertencia de Jesús: ¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo en­tero, si pierde su alma? (Mat 16,25).

 

Los apóstoles, llamados a colaborar con el Salvador para transmitir en las almas el evangelio, son sólo los canales que toman sus aguas de esta única fuente. El apóstol que se olvida de esto y piensa que puede transmitir vida sobrenatural prescindiendo de la fuente que es Jesucristo, manifiesta una gran ignorancia teo­lógica y una necia autosuficiencia.

 

Pero no basta reconocer que Jesucristo Reden­tor es la fuente de vida divina, hay que reconocerlo en la práctica, desconfiando de las propias fuerzas y poniendo toda la confianza en El. Cuando el apóstol olvida este principio, en la teoría o en la práctica, y cegado por su presunción, intenta hacer apostolado sin contar con Jesús, el único principio de la vida, comete una auténtica «herejía de las obras». Es una aberración olvidar nuestro papel secundario y subordinado, poniendo toda la confianza en la propia actividad y talentos personales, y no en Jesucristo.

 

¡Herejía de las obras! Porque la actividad febril toma el lugar de la acción di­vina, no se recurre a la gracia, y el único protagonista es el orgullo del hombre. La vida sobrenatural, el poder de la oración y la economía de la Redención son relegados, al menos en la práctica, a la categoría de abstracciones.

 

Es un caso, por desgracia, bastante frecuente en nuestros días. Es el apóstol que juzga según las apariencias y trabaja como si los resultados dependieran principalmente de su propia actividad.

 

A la simple luz de la razón, prescindiendo de la Revelación, no puede menos de inspirar compasión el hombre de grandes cualidades, que rehúsa reconocer que las ha recibido de Dios. Con mucha mayor razón, mayor compasión nos debe inspirar el apóstol que prescinde de Dios en su tarea comu­nicar vida divina a las almas. Y si a nosotros nos da compasión y nos parece una insensatez, ¡qué será a los ojos de Dios!

 

¡Cuánta presunción y orgullo manifiesta el hombre que sólo confía en sí mismo!

Por esto, Dios Padre hace justicia a los méritos que nos ganó Jesucristo, su Hijo, confundiendo a esos falsos apóstoles, permitiendo que fracasen sus obras nacidas del orgullo, para que no produzcan otra cosa que triunfos efímeros. Sin embargo, bendice con fruto a los sarmientos que humildemente reconocen que no reciben su savia sino de la cepa que es Jesucristo.

 

La vida interior es el estado de actividad de un alma que reacciona para poner en regla sus inclinaciones naturales y se esfuerza en adquirir el hábito de juzgar y de dirigirse en todo por las luces del evangelio y los ejemplos de nuestro Señor.

 

Quedaré privado de uno de los medios más poderosos de adquirir esa vida interior, si no me esfuerzo en tener una fe precisa y cierta de esa presencia activa de Jesús en mí y, sobre todo, en conseguir que esa presencia sea para mí una realidad viviente, muy viviente, que penetre en el campo de mis facultades. de ese modo Jesús será para mí, la luz, el ideal, consejo, apoyo, recurso, fuerza, médico, consuelo, alegría, amor; en una palabra, mi vida, y así adquiriré todas las virtudes.

 

En la medida en que intensifique mi amor para con Dios, crecerá mi vida sobrenatural por momentos, en virtud de una nueva infusión que se me hará de la gracia de presencia activa de Jesús en mí. esta infusión se produce: 1. por los actos meritorios que realice. como son la virtud, el trabajo, las diversas formas de sufrimiento, la privación de las criaturas, el dolor físico o moral, la humillación, la abnegación, la oración, la misa, los actos de devoción a nuestra señora, etcétera. 2. por los sacramentos, sobre todo por la eucaristía.

 

Sin el fiel empleo de determinados medios, se cegará mi inteligencia y mi voluntad carecerá de la fuerza necesaria para cooperar con Jesús en aumentar y aun en mantener su vida en mí. y así comenzará la disminución progresiva de esa vida y el peligro de la tibieza de voluntad. con mis disipaciones, cobardías, ilusiones y cegueras abriré el corazón al pecado venial, lo que originará la incertidumbre de mi salvación, ya que el pecado venial es una disposición fácil para el pecado mortal.

 

Yo debo temer con razón que carezco del grado de vida interior que Jesús exige de mí: 1. ° Si no procuro aumentar mi sed de vivir de Jesús, la cual me da el deseo de agradar a Dios en todas las cosas, y el temor de desagradarle aun en las más mínimas. Esa sed cesará en absoluto en mí, si abandono los medios de sostenerla, en especial la oración, la misa, los sacramentos, los exámenes particular y general y las lecturas piadosas, o si, por mi culpa, esos ejercicios no me aprovechan.

 

Si no cuido de tener un mínimum de recogimiento que me permita, en medio de mis ocupaciones, guardar el corazón en tal pureza y generosidad que no quede ahogada la voz de Jesús que me señala los elementos de muerte que se me presentan y me anima a combatirlos.

 

Mi vida interior será lo que sea la Guarda de mi corazón. “Guarda tu corazón con toda vigilancia, porque de él mana la vida.” (Pro. 4, 2) Esta guarda del corazón es la solicitud habitual o al menos frecuente, con que preservo todos mis actos, a medida que aparecen, de cuanto pudiera viciar su móvil o su realización.

 

el alma, como un centinela, vigila todos los movimientos del corazón y en especial lo que ocurre en su interior, es decir, las impresiones, intenciones, pasiones, inclinaciones, en una palabra, todos sus actos internos y externos, pensamientos, palabras y actos. la guarda del corazón exige un determinado recogimiento; las almas disipadas no la logran. practicando este ejercicio con frecuencia, se llega a adquirir la costumbre del mismo.

 

PREGUNTAS DE REFLEXIÓN

¿En que medida el éxito o el fracaso de un apostolado depende de la vida interior de los que lo realizan?

¿Cómo está tu vida interior en la actualidad?

¿Qué debemos reforzar en nuestra vida espiritual para crecer en vida interior?

 

Bibliografía

J. Chataurd “EL alma de todo apostolado”

 

COMO CONSERVAR LA SANTA TRANQUILIDAD DEL CORAZÓN

 COMO CONSERVAR LA SANTA TRANQUILIDAD DEL CORAZÓN

Dice San Francisco de Sales que, para avanzar por los caminos de los cielos, nosotros que estamos pegados a la tierra tenemos que practicar ciertas “virtudes pequeñas”: la paciencia, el aguantar al prójimo, el servicio, la humildad, la dulzura, la afabilidad, la tolerancia de nuestra imperfección.

Tenemos que ejercitarnos en ser pacientes para conservar la paz en medio de la multitud de nuestros quehaceres cotidianos. Es un continuo martirio la multitud de ocupaciones, la diversidad de asuntos son mas molestos que los mismos asuntos que tenemos que resolver.

Tenemos mucha necesidad de paciencia, por ellos es necesario pedir con constancia a Dios para que nos la conceda y esforzarnos para practicarla fielmente en el momento que sea oportuno. Por ello nuestra oración y meditación debe tener como punto especial recordar esa necesidad a lo largo del día.

No perdamos la menor ocasión de ejercitar la dulzura con todos. La dulzura del corazón tiene que impregnar nuestra paciencia y es una de las recomendaciones de San Francisco de Sales. Esforcémonos en siempre contestar amablemente incluso al que no agobia o en circunstancias en donde estamos resolviendo múltiples tareas, ya que siempre se ese momento donde nos agobiamos y perdemos el control de sí.

Hay que dominar el carácter, para conseguir, al precio de un largo esfuerzo, la dulzura serena y apacible. El dominio de sí y la devoción no es algo que se consigue únicamente por la fuerza de la voluntad sino en mucho de la nuestra confianza en Dios, Él nos da la gracia para obtener el espíritu de dulzura, suavidad y paz.

La multitud de tareas que nos proporcionan los quehaceres de nuestros hogares, sirven muchísimo para hacer virtuosa nuestra alma, si os esforzáis para sobrellevar todo con espíritu de dulzura, paciencia y mansedumbre.

Dios no está mirando con amor cuando estamos acosados de dificultades y preocupaciones, para ver si hacemos las cosas según su voluntad. Hay que aprovechar estas ocasiones para ejercitarnos, para ejercitar su amor; y si en algún momento nos impacientamos, no hay que desanimarnos, sino mas bien volvamos a mirar el rostro de Cristo con humildad, la paz vendrá al momento.

El esfuerzo debe ser constante, nada se logra de la noche a la mañana. Los grandes proyectos se llevan a cabo a fuerza de paciencia y de tiempo. Lo que un día crece, al siguiente perece. Dios siempre estará con nosotros.

La convivencia familiar es el lugar donde se requiere más virtud y perpetua mortificación. Vale más la paz que una fortuna. Lo que se pueda hacer con cariño debemos procurarlo; lo que sea ocasión de disputas, mejor evitarlo. Debemos hacer el bien, aunque sea sin el menor gusto.

Ciertamente, aunque es casi imposible conservar este equilibrio en la vida, tenemos al menos que procurarlo. Es preciso, ante todo, cambiar de humor haciendo lo contrario, humillándonos ante el Espíritu Santo, pidiéndole su auxilio, o impidiendo al menos que se escape la pasión por la lengua.

Conservar el equilibrio no es sencillo, fallaremos muchas veces, pero siempre hay que reintentarlo con humildad y perseverancia, evitando las ocasiones en la que la turbación nos impida controlar la variedad de nuestros estados de ánimo.

Así como las abejas huyen de los lugares donde hay ruido o gritos; el Espíritu Santo no entra en una casa donde hay discusiones, reprensiones, gritos y altercados.

Las tentaciones son muy provechosas para ejercitar nuestra voluntad, pero no es únicamente de una cuestión de la propia voluntad, sino de la participación de la gracia de Dios.

La tentación turba el corazón, pero nunca podrá derribarlo si se está en gracia y decidido, siempre vigilante y desconfiado de nosotros mismos. Humillémonos sin asombrarnos de nuestra bajeza.

A veces creemos que los hemos logrado vencer todas nuestras debilidades, pero no es así. Recordemos a Salomón, el hombre más sabio del mundo, estaba tan seguro de su virtud y tan confiado de su vida pasada, que cuando menos lo esperaba, le sorprendió el enemigo, como suele ocurrir a menudo.

 Los enemigos que creemos que están vencidos, cuando menos se espera pueden sorprendernos por las rendijas de nuestra debilidad. Nunca nos sintamos completamente seguros si es que no estamos ante el amparo de la gracia.

Nunca debemos dudar en apoyarnos en Dios cuando tengamos dificultades para librarnos del pecado, o cuando en las ocasiones y tentaciones desconfiemos de poder resistirlas.

 PREGUNTAS PARA REFLEXIÓN

1.       ¿Alguna vez te has sentido cansado de caer en el mismo defecto que te hace caer en pecado?

2.       ¿En qué circunstancia te es más difícil tener más paciencia?

3.       ¿Qué crees que deberíamos hacer para tener más equilibro y ser mas dulce con nuestro prójimo?

 

Bibliografía

En las fuentes de la Alegría

San Francisco de Sales

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*¿QUIERES CONVERTIR A ALGUIEN A CRISTO? SIGUE ESTE CONSEJO*

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*MARÍA OLGUÍN Y LA EXPERIENCIA ANTE EL SAGRARIO QUE SALVÓ SU VIDA «EN PICADO»: «SUPE QUE ESTABA DIOS»*

https://www.religionenlibertad.com/personajes/826719917/maria-olguin-experiencia-sagrario-salvo-vida-supe-ahi-estaba-dios.html##STAT_CONTROL_CODE_3_826719917##

*EL PAPA CONDENA LA «DICTADURA DEL HACER»: «PADRES SACRIFICAN EL TIEMPO EN FAMILIA PARA GANAR EL PAN»*

https://www.religionenlibertad.com/papa_francisco/164321729/papa-condena-dictadura-hacer-padres-sacrifican-tiempo-familia-ganar-pan.html##STAT_CONTROL_CODE_3_164321729##

*ABSUELTO UN FARMACÉUTICO ALEMÁN POR NO VENDER LA PÍLDORA... Y EL JUEZ LE ADVIERTE: DEBIÓ DIMITIR*

https://www.religionenlibertad.com/europa/24407803/absuelto-farmaceutico-aleman-no-vender-pildora-juez-advierte-debio-dimitir.html##STAT_CONTROL_CODE_3_24407803##

*4 DATOS IMPORTANTES SOBRE LA GENUFLEXIÓN ANTE CRISTO EUCARISTÍA*

https://www.aciprensa.com/noticias/105426/4-datos-importantes-sobre-la-genuflexion-ante-la-eucaristia?utm_campaign=ACI%20Prensa%20Weekly&utm_medium=email&_hsenc=p2ANqtz-8U8V3ClX9isyv3mbc3_S11ovfMo7Zwz9e0Zg7aiG_SeWGMhiRJI9Y8NKWmSq6S5PLm6RwRszQtnMOmEIdvegDUIQEPjw&_hsmi=316641177&utm_content=316641177&utm_source=hs_email

*UN EXPERTO ALEMÁN EN MARKETING: LA IGLESIA «ESPANTA» A SU PÚBLICO PARA AGRADAR AL QUE LA DESPRECIA*

https://www.religionenlibertad.com/europa/917423175/experto-aleman-marketing-iglesia-espanta-publico-agrada-desprecia.html##STAT_CONTROL_CODE_3_917423175##

*DOS INCOMPATIBLES MODELOS DE IGLESIA* (VIDEO)

https://www.religionenlibertad.com/video/157044/dos-incompables-modelos-iglesia.html

*LOS CURAS PROGRES ENFRENTAN SU EXTINCIÓN: «LA MAYORÍA JOVEN SE DEFINE MUY ORTODOXA», DICE UN ESTUDIO*

https://www.religionenlibertad.com/eeuu/137438189/curas-progres-enfrentan-extincion-mayoria-joven-define-muy-ortodoxa-dice-estudio.html##STAT_CONTROL_CODE_3_137438189##


*DIEZ FORMAS EN LAS QUE PUEDES HERIR A TU ESPOSA SIN DARTE CUENTA: LA BIBLIA ADVIERTE DE ELLAS*

https://www.religionenlibertad.com/vida_familia/58705/diez-formas-las-que-puedes-herir-esposa-sin.html##STAT_CONTROL_CODE_3_137438189##

 

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