LA EDUCACIÓN ES UNA OPERACIÓN SOBRE EL ALMA

 LA EDUCACIÓN ES UNA OPERACIÓN SOBRE EL ALMA


El hombre a comparación de los animales está prácticamente desnudo en la naturaleza: sin pelaje que lo abrigue, sin garras que lo defiendan de sus enemigos, sin alas que le hagan volar, el hombre no tiene nada de eso. Pero Se le ha concedido la inteligencia para fabricarse con sus propias manos, un abrigo, una lanza o unas alas para defenderse, conseguir alimento y escapar de sus enemigos.

El hombre depende del conocimiento para construir y fabricar sus herramientas para modificar su entorno. El hombre depende del conocimiento para poder conocer lo que lo rodea. No basta la sola experiencia, lo debe aprender de alguien que tiene más experiencia y conocimiento de la realidad; por ello el conocimiento es un legado que debe transmitirse entre seres humanos.

El ser humano solo no pudo haber sobrevivido hasta nuestros días. El ser humano sin la ayuda del grupo es una de las creaturas más indefensas sobre la tierra, no hubiera podido adaptarse a todos los cambios en nuestro planeta.

Al llegar a un grupo social que ya posee conocimientos puede convertirse en la creatura más poderosa de todas, sin embargo, para ella deberá aprender.

La educación separa al hombre de la bestia. “Educar” en latín de forma literal significa “conducir fuera de uno mismo”. La educación es una apertura a lo que está más allá de uno mismo, a todas aquellas cosas que parecen automáticamente ante nosotros.

Para conducir a otro hace falta que otro le facilite dicha conducción.

La educación es una operación sobre el alma. Condiciona la vida entera de la persona. Las dimensiones morales y políticas que la educación involucra repercuten sobre el alma. Pero hace tiempo hemos perdido esto de vista. Redijimos la educación a una pobrísima instrucción técnica, concebida exclusivamente para satisfacer la necesidades y deseos del cuerpo.

El filósofo Sócrates decía que era un peligro exponer el alma a cualquiera, es decir que tiene un riesgo tremendo que cualquiera tome las riendas de la enseñanza.

Santo Tomas decía que la educación era la conducción y promoción de la persona al estado perfecto del hombre. Decía también que “está claro que Dios es quien interior y principalmente enseña”, sin embargo, la aplicación de esos principios debe ser enseñada por alguien.

La virtud es la única cosa difícil y esencial en la enseñanza, y no una atrevida petulancia, o una habilidad para desenvolverse. El bien sólido y substancial el preceptor debe convertir en objetivo de sus lecturas y de sus conversaciones. La labor y el arte de enseñar debe llenar el espíritu y consagrarse a conseguirlo, para transmitir al que está aprendiendo su fuerza y su alegría.

Con la educación se enseñan los principios morales, se enseña a confiar en los padres y en Dios. Con la educación se aprende a rezar, a dominar las pasiones y pedir la gracia a Dios para poder vencer la tentación y levantarse de las caídas.

Hoy en día hablar de Dios y de moral, suena poco menos que a represión. Bueno es negar el sentido moral concreto. Malo es decir que el valor moral en concreto resulta perjudicial para el hombre.

La enajenación moral en la actualidad plantea que “todo vale lo mismo”. La moral que permitía mantener unido al grupo y dando estabilidad a las expectativas sociales ha sido despojada de la dimensión del deber. El actual hundimiento de las sociedades es, en gran medida, efecto de la desaparición de la moral. Las morales tradicionales de raigambre teológica, se articularon en torno a un sentido fuerte del deber. Los derechos son acompañados de obligaciones que constituyen la contracara de la misma moneda.

No hay progreso sino se educan los deberes del hombre. El estado se ha convertido en un apañador cuya única obligación es la exaltación del deseo. Solo gozar y divertirse en el objetivo de la masa.

Si no hay sentido del deber la sociedad no se articula ni se estabiliza, surge fricción entre sus miembros carentes de valores. Sin un sentido moral de la existencia al quitar a Dios de su perspectiva; la sociedad entra en conflicto: corrupción, delincuencia, políticos egoístas, padres e hijos indiferentes, violencia, individualismo… la sociedad se deshumaniza.

La transmisión de conocimientos y valores requiere que el transmisor procure virtudes en su persona y tener a Dios como punto de referencia tanto de obra como en la contemplación.

La crisis de valores en la actualidad aleja al hombre de la verdad y lo deja solo para que actúe y juzgue según le parezca a través de un Like.

 PREGUNTAS DE REFLEXION

1.    ¿Cuál es la función de la parroquia ante la crisis de valores en la actualidad?

2.   ¿Los Católicos estamos dando alternativas concretas para hacer frente a la confusión reinante en la sociedad?

3.    ¿Qué más crees que se puede hacer para hacer frente a esta realidad?

Bibliografía

Manuel Tamayo. “Educación en Ciernes”

Agustín Laje.  “Generación Idiota”

 

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