LA CORRECTA ACTITUD FRENTE A LAS PRUEBAS


LA CORRECTA ACTITUD FRENTE A LAS PRUEBAS


¿Qué importa un entorno brillante si mi corazón se hunde en la desesperación?

Cuando las aflicciones nos golpean, se perturba nuestra sensibilidad, nuestra inteligencia se indigna, nos vemos tentados a culpar a Dios de la injusticia; ese es el error, este comportamiento prolonga el sufrimiento y lo exacerba.

Toda prueba hay que aceptarla, Dios la quiso o la permitió. Es decir, aceptar las dificultades que nos trae nuestro ambiente familiar y social. Incluso aceptar el peso del cansancio de nuestro mal obrar.

Esa es la clave para obtener la paz interior, fuera de ello solo hay ilusión y agravación del sufrimiento.

No aceptamos las pruebas porque pensamos que es mal absoluto, y en realidad es un mal transitorio y relativo, incluso puede ser un remedio muy benéfico de bien en potencia.

Rechazar es renunciar a las delicias del fruto oculto bajo la cáscara que caerá cuando llegue la madurez.

Dios quiere el bien estable en nosotros, por ello la prueba nos purifica, nos desapega, ilumina la inteligencia, nos da fortaleza, nos hace madurar, afina nuestra sensibilidad, hace de nosotros personas nuevas.

El que no cree no tiene el sostén de la consolación que otorga la fe. Aceptar con lealtad, aunque sea a disgusto, mediante un acto de voluntad es el objetivo del cristiano. La palabra de Dios obra prodigios, produce inmediatamente afectos benéficos si aceptamos las dificultades con ayuda de Dios.

Es normal contrariarse frente a las dificultades, pero si no combatimos nuestra emotividad el desorden se adueña de nuestras facultades, entonces la emoción dominará sobre la razón y nos turbamos, nos exaltamos por no buscar argumentos razonables.

Al rebelarnos multiplicamos los sufrimientos, sin modificar el lado objetivo del problema.

En vez de ceder a nuestro impulso emotivo ¿Por qué no reflexionar con calma sobre la situación?

Una situación difícil acarrea ventajas y desventajas. En cuanto a las ventajas, las situaciones difíciles nos hacen madurar, nos proporcionan discernimiento, desapego y cercanía a Dios. Las desventajas es que nos produce dolor y sufrimiento temporal, rebelión contra Dios, tortura psicológica, angustia, y malas decisiones.

La “mínima resignación” frente a las cruces que nos toca vivir, destruye la oposición de nuestra voluntad a la de Dios, de esta forma la apisonada violencia desaparece como por encanto restableciéndose la calma.

La doctrina católica nos enseña que ninguna dificultad la podríamos llevar sin la gracia de Dios. Nuestra correspondencia a la gracia de Dios tiene un premio: el apaciguamiento, aumentando de esta forma nuestra fortaleza interior de forma paulatina.

Cada prueba es un remedio para fortalecer el alma, ese es el plan de Dios. La prueba se prolonga hasta lograr su objetivo. Si nos rebelamos contra ella, obstaculizamos su acción medicinal, con nuestra sumisión aceleramos su rendimiento efectivo.

La práctica de la resignación produce distensión espiritual. Fiat, Deo gracia: Acepto, a Dios Gracias. La resignación produce un efecto benéfico sobre el sistema nervioso, conlleva ala relajación muscular, disminuye la tensión cerebral, disminuye el estrés, da calma, repara las fuerzas internas.

La prueba es muy penosa muchas veces, Dios es quien la permite para el bien de nosotros.

La resignación cristiana no significa predicar el desánimo o matar la iniciativa o aceptar cobardemente la derrota o el infortunio o estimular la pereza o la inacción.

Un cristiano se resigna frente a la enfermedad, pero jamás deja de ir a un médico a tomar medicamentos, no renuncia a la esperanza de curarse.

La práctica de la aceptación no conduce a la pasividad, sino más bien saca el mejor partido delas circunstancias desfavorables.

Bibliografía:

Raymund de Sant Laurent: El secreto de la felicidad”

Preguntas de reflexión

1.       ¿Cuál es la dificultad que más te ha causado (o causas) más dificultad aceptarla?

2.      ¿Qué hiciste (o que podrías hacer) con ella para recobrar la calma?

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