Encontrar a Dios en un linfoma: Devin sobrevivió y creó Hospital para niños hospitalizados

 

Encontrar a Dios en un linfoma: Devin sobrevivió y creó Hospital  para niños hospitalizados

Tras superar un cáncer y volver a la fe, el joven católico fundó una iniciativa para acompañar a menores ingresados y recordarles que no están solos

Fuente: Religionen Libertad



Como adolescente superviviente a un cáncer, Devin Hays conoce bien lo que es un ingreso hospitalario. Y aunque recuerda su enfermedad con entereza, le cuesta más ser imparcial ante los niños que sufren su misma enfermedad solos, sin visitas ni compañía.

Aunque no es fácil de precisar, investigaciones como la de Mamás en Acción han conocido que unos 49.000 niños no tienen garantizado en España el acompañamiento durante el ingreso hospitalario. Si se pudiese extrapolar, las cifras serían probablemente muy superiores en Estados Unidos por su población siete veces mayor que en España.

Para Hays, ser consciente de ese sufrimiento no fue suficiente. Tras su ingreso, el joven estudiante fundó una iniciativa encaminada a acompañar a los niños y menores ingresados y a sacar de ellos una sonrisa bajo el paraguas de Hospital Homies. Una iniciativa por la que ha sido definido en los medios como Discípulo del mes en la archidiócesis de Denver.

Cuando el cáncer interrumpió los exámenes

Entrevistado por El pueblo católico, Hays recuerda que cuando notó el primero de lo que parecían “bultos” en su cabeza solo podía prestar atención a sus exámenes.

“En seis meses tuve dos faringitis estreptocócicas, lo cual ya era raro”, relató. Pero cuando apareció el bulto, “pensé que solo tenía un resfriado extraño. Estaba tosiendo, agotado y no me podía concentrar en clase, ni siquiera con una taza grande de café. Pensé que podía aguantar hasta el fin de semana”.

No fue así. Era viernes y ya tenía tres bultos y la tos había empeorado.

“Ojalá me den algo para aguantar la semana de exámenes y luego me preocupo por esto cuando regrese a casa”, pensó Devin.

Tan solo se preocupó tras una primera radiografía en el centro más cercano. “No podían encontrar mi corazón en la radiografía”, explicó. “Había algo entre la tráquea y el mediastino. Ahí supe que se trataba de algo serio”.

"Por primera vez me entregué a Dios"

Educado en un hogar católico de Erie (Colorado), Devin se había alejado de la fe en la adolescencia, pero aquel momento supuso como un abrupto y profundo reencuentro.

“Por primera vez en mi vida, me entregué a Dios. Le dije: ‘Sea cual sea tu voluntad, es tu voluntad. Solo ayúdame a superar la forma de afrontarlo mentalmente. En ese momento, me rendí”, recuerda.

La “mala noticia” llegó al escuchar que tenía una leucemia, “agresiva, incurable y con una tasa de supervivencia del 50% en cinco años”.

Por eso su primera sorpresa fue mayúscula cuando le rectificaron el diagnóstico y confirmaron que era un linfoma, con mayores probabilidades de sanación.

“Lo que sucedió fue que, o un patólogo del Mayo Clinic -considerado durante varios años uno de los mejores hospitales del mundo- se equivocó, o algo cambió. Yo quiero creer que algo cambió”, menciona.

El tratamiento comenzó de inmediato, ante un cáncer que empezaba a responder tan rápidamente como agresivos fueron los efectos de la quimioterapia en el joven.

Fue brutal”, recuerda, “y en muchas ocasiones casi me mata. Se me cayó todo el pelo, mi cara se hinchó y parecía muy enfermo”.

Una comunidad que no le dejó solo

Desde aquellos primeros y difíciles momentos, el joven percibió como toda su comunidad parroquial y de amigos cristianos se volcó con él, especialmente el sacerdote Rob Wedow, junto al que enfrentó la enfermedad y los estragos del tratamiento.

“Los Caballeros de Colón también fueron fundamentales. Aunque me veía enfermo, me trataron como a cualquier otro. Me dieron las mismas responsabilidades que a los demás, y en ese momento, eso significó muchísimo para mí”, cuenta Hays.

Pese a la agresividad del tratamiento, el joven se prometió que no interferiría en sus estudios, haciendo los exámenes y las pruebas académicas mientras se sucedían las dosis de quimioterapia. La misma resolución que mostró cuando fue admitido en la Universidad de Colorado, en Boulder.

“Si Dios quiere, la universidad me llevará solo cuatro años, incluso con el cáncer”, pensaba.

Pronto, el cáncer comenzó a remitir. Conforme va teniendo perspectiva, analiza y recuerda las peores partes de su enfermedad, como ver a sus familiares y amigos afectados.

Hospital Homies: visitar a los enfermos como obra de misericordia

Junto a eso, cuenta, “la parte más difícil fue ver a otros niños pasar por lo mismo. Me trataron en pediatría casi todo el tiempo, y ver sufrir a los niños es muy duro. Ese octubre, cuando ya estaba en remisión, pero aún en tratamiento, nos disfrazamos y repartimos dulces a los niños que también estaban hospitalizados”.

Fue ser consciente de ese sufrimiento lo que llevó a Devin a trascenderse a sí mismo y entregarse a los demás.

Actualmente es voluntario en la pastoral universitaria de CU Boulder, colabora con el grupo juvenil de la parroquia de St. Scholastica y es miembro activo de los Caballeros de Colón. A la experiencia que adquirió en estas iniciativas se suma ahora la que desarrolló a través de un proyecto dedicado por entero a acompañar a los pequeños ingresados y a sus familias, Hospital Homies.

“Tuve la bendición de conocer a Tim Tebow, un gran cristiano, y verlo amar a la gente me inspiró. La noche antes de un viaje para recaudar fondos, me vino el nombre ‘Hospital Homies’. Fue algo demasiado bueno para que se me ocurriera a mí, especialmente con el cerebro afectado por la quimio”, dijo entre risas.

Cuenta que la organización, dedicada a acompañar al niño y la familia y aliviar en lo posible su estancia hospitalaria, nunca ha ocultado su esencia cristiana y católica. “Nos conectamos con las persona en su situación. Visitar a los enfermos es una obra de misericordia. Y a veces, esas visitas abren la puerta a conversaciones más profundas”, admite.

Una misión sostenida por la fe

Con la enfermedad en remisión y terminando sus estudios, Devin ya piensa en su siguiente proyecto, que en este caso será una empresa dedicada a la venta de artículos y coleccionables, especialmente monedas, buscando servir así a su proyecto matriz de caridad.

“La idea es crear una fuente de ingreso estable para financiar Hospital Homies”, explica. “Necesitas medios para sostener tu misión, y esta es mi forma de hacerlo realidad”. Su nuevo proyecto tampoco pretende perder de vista su componente católico, y espera poder contar con una sección religiosa con medallas de santos, monedas pontificias antiguas y otros artículos devocionales.

Mirando atrás, cuando se encontraba alejado de la fe, no puede evitar corroborar que su transformación ha sido mucho más espiritual que incluso en lo estrictamente físico o de la salud.

“Antes del diagnóstico, el hockey era sin dudar mi ídolo. Me siento agradecido por haber pasado por esto porque cambió mi perspectiva. Me enseñó lo grande que es el dolor en el mundo, pero también la gracia extrema que Cristo derrama a través de ese dolor “, concluye. 


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