La vida juvenil nocturna la apartó de Dios, abortó, pasaron años y Él la llamó...

 

La vida juvenil nocturna la apartó de Dios, abortó, pasaron años y Él la llamó... 

Jeanine nació en una familia católica y así fue formada, pero en la adolescencia cambió radicalmente.

Fuente: Religión en Libertad

Jeanine explica cómo cambió su vida en cuanto se alejó de Dios... y cuando regresó a Él.

Jeanine explica cómo cambió su vida en cuanto se alejó de Dios... y cuando regresó a Él.


La historia de Jeanine, contada por ella misma a Découvrir Dieu [Descubrir a Dios], no parece aportar hechos asombrosos. Quizá por eso es noticia, pues no todos los que viven un retorno a Dios que parece corriente en países católicos lo cuentan con la sencillez que ella muestra.

El revés del aborto

Nació en una familia católica, recibió el bautismo con pocos meses de edad, hizo su Primera Comunión “solemne” y luego frecuentaba la oración y confiesa que acudía “llena de ardor” a las clases de catecismo hasta recibir también el sacramento de la Confirmación.

Una historia tan común y corriente como lo que la siguió: a partir de los trece años empezó a cambiar de costumbres. “Invertí el dedo a la fe”, sintetiza. Esto es: “Prefería salir con chicos que seguir con el Señor”. 

Frecuentaba las fiestas nocturnas juveniles y se dedicaba a otras actividades: “Pensaba en el Señor, pero ya no tenía tiempo para Él y ni siquiera entraba en la iglesia para ir a misa”.

Con quince años quedó embarazada. Decidió abortar porque no veía cómo seguir yendo al colegio y acabar sus estudios si debía educar a un bebé: “Me dije que el aborto estaría bien y sería para mí más fácil, y luego ya se vería”.

Aquello dejó una marca muy particular en su vida. Años después se casó y tuvo hijos y vivían de una panadería, pero las dificultades económicas le causaron tal depresión que pasó por un centro psiquiátrico. 

El psiquiatra que la atendió la puso bajo una curatela para velar por sus decisiones, aunque con el tiempo pudo desempeñar trabajos de atención familiar que acabarían siendo su salvación.

Dos impulsos

Fue enviada a una familia para prestar ayuda domiciliaria: “Me encontré en una casa de personas católicas muy comprometidas, y la madre me pidió ir con ella a la iglesia. Le dije que no, que no podía, porque había cometido hechos tan graves que era imposible para mí volver al templo”. La señora le dijo que podía volver por una razón: “El Señor perdona, basta con que pidas perdón”.

Jeanine, a pesar de su formación cristiana por lejana que quedase, se sintió sorprendida por esa respuesta, pero…. no cambió su actitud.

Sin embargo, Dios persistió en algo tan habitual en su estrategia como llamarnos por el cauce de otros cuando nos resistimos a su voz

Y hubo un segundo cauce, porque Jeanine empezó a trabajar para otra señora… que la invitó asimismo a “una reunión cristiana”. Y ahora, por razones que no explica, “era un momento en el que ¿cómo decir que no?”.

Lo hizo, fue al templo y reconoce una carencia: “Yo estaba bien, pero no comprendía todo porque vuelves a la iglesia de la que te has apartado desde niño, pero no conoces mucho de la fe”.

Jesús es Misericordia y perdona

Eso sí: “Empecé a comprender que Jesús vivía, que estaba a nuestro lado, que estaba cerca de nosotros”. Pero dice que había imaginado un Jesús “sin misericordia”, no conocía a quien es Misericordia.

Desde aquel momento su vida cambió y su concepción hoy es otra: “Dios es amor. Muere en nosotros con nuestros pecados, pero Él ha muerto por nuestros pecados, y el Dios que nos perdona está en nosotros. Él está conmigo en todo a lo largo de mi vida”.

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