Texto escogido por: Richard
Jesús
En aquel tiempo, las mujeres se marcharon a toda prisa del sepulcro; llenas de miedo y de alegría corrieron a anunciarlo a los discípulos.
De pronto, Jesús salió
al encuentro y les dijo:
Ellas se acercaron, le
abrazaron los pies y se postraron ante él.
Jesús les dijo:
«No temáis: id a
comunicar a mis hermanos que vayan a Galilea; allí me verán».
Mientras las mujeres
iban de camino, algunos de la guardia fueron a la ciudad y comunicaron a los
sumos sacerdotes todo lo ocurrido. Ellos, reunidos con los ancianos, llegaron a
un acuerdo y dieron a los soldados una fuerte suma, encargándoles:
«Decid que sus
discípulos fueron de noche y robaron el cuerpo mientras vosotros dormíais. Y si
esto llega a oídos del gobernados, nosotros nos lo ganaremos y os sacaremos de
apuros».
Ellos tomaron el
dinero y obraron conforme a las instrucciones. Y esta historia se ha ido
difundiendo entre los judíos hasta hoy.
REFLEXIÓN: Hermanos el Evangelio de hoy está estrechamente vinculado a la Pascua de Resurrección; es decir, a la resurrección de Jesucristo propiamente dicho. Asimismo, debemos señalar que iniciamos el tiempo de solemnidad de Pentecostés, cincuenta días que concluye con el envío del espíritu Santo.
Al llegar y encontrar
vacío el sepulcro corrieron despavoridas y con miedo, y en el camino se
encontraron con él mismo y lo abrazaron y se postraron a sus pies, luego se
fueron a avisar a los discípulos. Tú has
resucitado, has vencido a la muerte, volviste triunfante; no como resucitaste a
Lázaro y a la hija de Jairo o al hijo de la viuda de Naín quienes han vuelto a
morir.
Tú resucitaste para no morir más, iluminándonos con tu luz cómo hace 2000 años, señalando el camino que nos enseñaste. Por eso te pedimos, que, si hemos perdido la frescura, si nos hemos enfriado, si hemos dejado que en nuestro corazón se anide la desesperanza, la tristeza, la rutina. Ayúdanos, porque tú Señor has resucitado para siempre, permite que saciemos todas nuestras carencias, anhelos y todos esos sueños que llevamos en nuestros corazones.

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