LECTURA Y REFLEXION DE LA PALABRA

 Lectura del santo evangelio según san Mateo (28,8-15):

Texto escogido por: Richard Jesús

En aquel tiempo, las mujeres se marcharon a toda prisa del sepulcro; llenas de miedo y de alegría corrieron a anunciarlo a los discípulos.

De pronto, Jesús salió al encuentro y les dijo:

 «Alegraos».

Ellas se acercaron, le abrazaron los pies y se postraron ante él.

Jesús les dijo:

«No temáis: id a comunicar a mis hermanos que vayan a Galilea; allí me verán».

Mientras las mujeres iban de camino, algunos de la guardia fueron a la ciudad y comunicaron a los sumos sacerdotes todo lo ocurrido. Ellos, reunidos con los ancianos, llegaron a un acuerdo y dieron a los soldados una fuerte suma, encargándoles:

«Decid que sus discípulos fueron de noche y robaron el cuerpo mientras vosotros dormíais. Y si esto llega a oídos del gobernados, nosotros nos lo ganaremos y os sacaremos de apuros».

Ellos tomaron el dinero y obraron conforme a las instrucciones. Y esta historia se ha ido difundiendo entre los judíos hasta hoy.

REFLEXIÓN: Hermanos el Evangelio de hoy está estrechamente vinculado a la Pascua de Resurrección; es decir, a la resurrección de Jesucristo propiamente dicho. Asimismo, debemos señalar que iniciamos el tiempo de solemnidad de Pentecostés, cincuenta días que concluye con el envío del espíritu Santo.    

 En el mensaje del Evangelio de hoy podemos narrar que los apóstoles se acostaron el sábado por la noche desesperanzados, desanimados, tristes y no encontraron ningún motivo para levantarse temprano el domingo porque ya no estaba aquel con quién habían convivido por más de tres años,  había dejado de existir quién para ellos era el todopoderoso; pero fue muerto como cualquier criminal, y ellos como que incluso lo habían abandonado y tenían un sentimiento de culpa;  pero las mujeres sí madrugaron y provistas de ungüentos y aromas fueron a embalsamar su cuerpo.

Al llegar y encontrar vacío el sepulcro corrieron despavoridas y con miedo, y en el camino se encontraron con él mismo y lo abrazaron y se postraron a sus pies, luego se fueron a avisar a los discípulos.  Tú has resucitado, has vencido a la muerte, volviste triunfante; no como resucitaste a Lázaro y a la hija de Jairo o al hijo de la viuda de Naín quienes han vuelto a morir. 

Tú resucitaste para no morir más, iluminándonos con tu luz cómo hace 2000 años, señalando el camino que nos enseñaste. Por eso te pedimos, que, si hemos perdido la frescura, si nos hemos enfriado, si hemos dejado que en nuestro corazón se anide la desesperanza, la tristeza, la rutina. Ayúdanos, porque tú Señor has resucitado para siempre, permite que saciemos todas nuestras carencias, anhelos y todos esos sueños que llevamos en nuestros corazones.

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