VIRTUD DE LA CARIDAD- segunda parte

Por: Luz Encalada

Según el Catecismo de la Iglesia Católica, numeral 1826: Si no tengo caridad – dice también el apóstol- “nada soy…”. Y todo lo que es privilegio, servicio, virtud misma… si no tengo caridad, “nada me aprovecha” (1 Co 13, 1-4). La caridad es superior a todas las virtudes. Es la primera de las virtudes teologales: “Ahora subsisten la fe, la esperanza y la caridad, estas tres. Pero la mayor de todas ellas es la caridad” ( 1 Co 13,13).

 El ejercicio de todas las virtudes esta animado e inspirado por la caridad. Esta es “el vínculo de la perfección” (Col 3, 14); es la forma de las virtudes; las articula y las ordena entre sí; es fuente y termino de su practica cristiana. La caridad asegura y purifica nuestra facultad humana de amar. La eleva a la perfección sobrenatural del amor divino. (CIC, 1827)


La práctica de la vida moral animada por la caridad da al cristiano la libertad espiritual de los hijos de Dios. Este no se halla ante Dios como un esclavo, en el temor servil, ni como el mercenario en busca de un jornal. Sino como un hijo que responde al amor del “que nos amó primero” (1 Jn 4,19). (CIC, 1828)

“O nos apartamos del mal por temor del castigo y estamos en la disposición del esclavo, o buscamos el incentivo de la recompensa y nos parecemos a mercenarios o finalmente obedecemos por el bien mismo del amor del que manda (…) y entonces estamos en la disposición de hijos” (San Basilio Magno. Regulae fusius tractatae prol.3)

La caridad tiene por frutos el gozo, la paz y la misericordia. Exige a práctica del bien y la corrección fraterna; es benevolencia; suscita la reciprocidad; es siempre desinteresada y generosa, es amistad y comunión. (CIC 1829)

Algunas conclusiones reafirmando la caridad:

Lo primero es que el que reino de Dios triunfe en ti, que tú vivas en gracia.

La caridad es la virtud que activa a todas las virtudes, las finaliza y les da mérito.  

Cultivar una espiritualidad de hijos mas no de siervos.

No es caridad:

No es caridad alguien que es muy solicito con el prójimo, y se olvidad de Dios.

Excesiva conformidad con tu propio carácter.

No es caridad ser generoso con los demás y en casa nadie lo aguanta.

Como el personaje en la parábola del hijo prodigo, el hijo mayor servía al padre como mercenario, buscando una recompensa.  

“La culminación de todas nuestras obras es el amor. Ese es el fin; para conseguirlo, corremos; hacia él corremos; una vez llegamos, en él reposamos” (San Agustín, In epistulam Ioannis tractatus, 10, 4)

Para complementar escuchamos la reflexión de Monseñor Munilla acerca de la Caridad:

https://youtu.be/9rLHmGbWNW0

Y para culminar, reflexionemos juntos esta canción que nos habla de las tres virtudes teologales: la fe, la esperanza y la caridad:

https://youtu.be/_Now6SAOLKM

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