Tras el suicidio de cura italiano: ¿deberían los sacerdotes vivir juntos?


Fuente: Religión en Libertad
J.C.M.
La Iglesia católica en Italia está conmocionada estos días por la muerte del joven sacerdote de 35 años Matteo Balzano, que se quitó la vida en su casa este sábado 5 de julio. 
A la espera de que trasciendan los motivos reales por los que tomó esta decisión, lo que es cierto es el debate de fondo que hay sobre la vida sacerdotal, a menudo aparejada a grandes sacrificios humanos como puede ser el de la soledad.  

Una de las soluciones para cambiar esta problemática podría ser –voluntariamente, ya que no son religiosos y no tienen voto de vida en común– la de animar a crear grupos de sacerdotes que vivan en comunidad, y así se sostengan mutuamente, tanto en lo material, lo afectivo, lo pastoral... como en lo espiritual. 
Aunque la idea podría tener ciertos inconvenientes, ReligiónEnLibertad analiza diversas fuentes y versículos de la Biblia y sugiere siete razones por las que los sacerdotes podrían beneficiarse de ello... y dos inconvenientes para llevarlo a la práctica.

1. Apoyo fraterno y emocional
La soledad es uno de los principales problemas de la vida de los sacerdotes según todas las encuestas. Por lo que vivir en comunidad permitiría a los curas acompañarse mutuamente en los desafíos personales y ministeriales
La vida sacerdotal puede ser en ocasiones muy solitaria. Fomentar la fraternidad podría ayuda a reducir el aislamiento y el agotamiento emocional.
"En esto conocerán todos que sois mis discípulos: si tenéis amor los unos por los otros" (Juan 13:35).

2. Oración y vida espiritual compartida
Rezar juntos es algo a lo que los miembros de órdenes religiosas y los laicos con familia están muy acostumbrados, sin embargo es una escena rara entre los sacerdotes diocesanos –o que no pertenezcan a ninguna comunidad religiosa–.
Compartir momentos de oración, la liturgia de las horas, la adoración o retiros comunitarios podría fortalecer la vida espiritual de cada sacerdote y, además, mantendría el sentido último del llamado al ministerio. Cuando las debilidades humanas aparecen, tener a alguien al lado, que te sostenga en la fe, puede ser un auténtico salvavidas en medio de la marea. 
"Donde dos o tres se reúnen en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos" (Mateo 18:20).

3. Discernimiento y toma de decisiones más equilibradas
Aunque está claro que el gobierno de una parroquia no es algo "mancomunado", sino que corresponde, en primer lugar, al párroco –y, así mismo, con los diferentes cargos que ostenten lo sacerdotes que compartan hogar–, viviendo en comunidad se podría compartir mejores perspectivas y consejos sobre situaciones pastorales complejas, lo que podría favorecer un discernimiento más sabio y prudente de las cosas
El poder volver a casa y cambiar impresiones con un hermano en el ministerio, que haya atravesado experiencias similares, sería enormemente útil.
"Fieles son las heridas del amigo, pero engañosos los besos del enemigo" (Proverbios 27:6).

4. Mejor testimonio de comunión eclesial
Una comunidad sacerdotal visible daría un gran testimonio del ideal evangélico de unidad, lo que impactaría positivamente en los fieles y en la vida parroquial. Que los fieles puedan ver en sus sacerdotes el mandato evangélico de "mirad cómo se aman" sería, sin duda, algo realmente evangelizador.  
"Más valen dos que uno... porque si uno cae, el otro lo levanta" (Eclesiastés 4:9-10).

5. Distribución más ecuánime del trabajo pastoral
Dependiendo de los cargos que tengan los sacerdotes que convivan, en comunidad los curas podrían coordinar mejor la atención a distintas parroquias o tareas ministeriales, evitando la sobrecarga de unos y la inactividad de otros.
"Hay diversidad de dones, pero un mismo Espíritu... y a cada cual se le da la manifestación del Espíritu para el bien común" (1 Corintios 12:4-7).

6. Crecimiento humano y madurez personal
El roce cotidiano con otra persona totalmente distinta ayuda a corregir ciertas actitudes, y a cultivar virtudes como la paciencia o el diálogo, para el fin último que no es otro que asemejarse mejor a Cristo. Cuando convives con una persona estás "obligado" a perdonar, a ser humilde, a ser generoso y atento.
"¡Mirad qué bueno y qué delicioso es habitar los hermanos juntos en armonía!" (Salmo 133).

7. Eficiencia económica y logística
Compartir gastos, recursos y responsabilidades (como el mantenimiento de la casa, la alimentación, el transporte...) es más eficiente y puede aliviar la carga individual, permitiendo una mayor dedicación pastoral. 

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