El ritmo de vida frenético e inabarcable del presente es tal que llega a presentarse como un problema de salud pública y que incluso se ha bautizado con el término clínico de Síndrome del pensamiento acelerado.
El SPA o taquipsiquia se define como una alteración en la que la mente se ve constantemente invadida por pensamientos y si bien se presenta en profesionales que deben mantenerse constantemente en alerta y bajo presión, también se observan casos de niños y menores afectados. Su incidencia es tal que sus síntomas se han llegado a observar en hasta el 80% de los seres humanos, siendo considerado por los expertos como “el mal del siglo”.
Como sanar
Reordenar la vida al ritmo de la creación, uniendo la razón y espiritualidad cristianas y, con ellos, reivindicar el valor de simple, de la naturaleza, de la comunidad y de una espiritualidad encarnada. Tres serán los ejes centrales para sanar:
• Habitar el cuerpo: integrar alma, cuerpo y trabajo; que el trabajo mismo sea fuente de santificación.
• Habitar la tierra: aprender a ir a ritmos lentos, como los de la naturaleza, cuidar el hogar y lo simple, y reconstruir la vida comunitaria alrededor de la conversación y el compartir actividades juntos.
• Habitar la Iglesia: vivir según el calendario litúrgico, recuperar rituales cotidianos, orar y unir nuestra fe en la familia como iglesia doméstica y en la parroquia.
La velocidad de la vida moderna ahoga el espíritu
Son muchos los que “perciben que la vida moderna les acelera y les desconecta de lo esencial”, buscando responder a un clamor cada vez más escuchado en el presente. “Recuperar el ritmo”, “un modo de vivir más humano”, “reconciliar cuerpo, naturaleza y fe”, “no dejarse arrastrar por el mundo”, “un ritmo más sereno, ordenado y comunitario…”.
Este proceso de aceleración, comienza con una Modernidad que niega la “estructura tripartita” del hombre: cuerpo, mente y espíritu y que incluso acaba confundiendo sus partes.
Una confusión que ha motivado que las escuelas, universidades se llenen de “tumulto” y “excesivo ruido” de una excesiva actividad intelectual que ahoga el silencio y el reconocimiento del alma y del espíritu.
Existe “otra manera de vivir”, una “más encarnada, más serena y más luminosa”. Este planteamiento propone y enseña a “recuperar su lugar en la creación, reencontrarse consigo mismo y a comenzar a generar en su hogar un ritmo más humano y habitable”.
Se trata de tener una mirada profundamente enraizada en la tradición cristiana que ilumina la vida cotidiana y la hace habitable, también para la familia que te rodea.
El ritmo correcto
Habitar el cuerpo- es todo un llamado a recuperar la fragmentada unidad del cuerpo humano para recuperar la paz. El principal eje vertebrador del bloque es el del trabajo como oración, en el que se recuerda invita a redescubrir el tiempo a través del cuerpo y del mismo trabajo, es decir en la reralidad que nis toca vivir. Esto nos ayuda a reconectarnos con nosotros mismos y con Dios puede traer salud.
Otros puntos importantes son el silencio, para adquirir equilibrio mental y espiritual y escuchar a otros que han despertado del ruido y desean sacudirse volviendo a "lo original"
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