LA “SEQUEDAD” EN LA ORACIÓN
Por:
Pavlusha K. Luyando
No solamente debemos conformarnos con la voluntad de Dios en las cosas exteriores, naturales y humanas; sino también en los bienes espirituales.
Muchas veces Dios envía trabajos
y permite tribulaciones para que sus discípulos estén dispuestos a la rudeza
del camino.
Dios envía también consuelos
espirituales a los que le siguen, y luego que están bien dispuestos, suele
ejercitarlos con sequedades para que ganen más humildad y paciencia y merezcan más
aumento de gracia y gloria.
Sentir la oración muy agradable
es cosa buena, pero quedarse en la sensación de gusto y deleite en ella podría
convertirse en perjudicial desorden para el creyente. La oración no tiene como fin
el deleite, más bien su objetivo es la comunicación directa con Dios.
La santidad y perfección no está
en el deleite ni en las grandes consolaciones que percibimos en la oración, se
mide en el grado de unión con Dios que adquirimos y en la aceptación de la
voluntad de Dios e nuestras vidas. Se mide la santidad cuando hacemos su
voluntad tanto en lo amargo como con en lo dulce, en lo próspero o en lo
adverso.
San Pablo en 1 Tes 5,18 nos
aconseja: Den gracias a Dios en toda ocasión; ésta es, por voluntad de Dios,
su vocación de cristianos.
Bibliografía
Rodríguez A. Virtudes Cristianas
Biblia Católica Latinoamericana

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