Por: Jessy Jauregui
En el año 1208 la Virgen María se le apareció a Santo Domingo
de Guzmán y le enseño a rezar el Rosario y le dijo que propagara esta devoción.
Por medio de su predicación, sus oraciones y sacrificios, logró convertir a unos pocos.
Domingo dio inicio a
una orden religiosa para las mujeres jóvenes convertidas. Su convento se
encontraba junto a una capilla dedicada a la Santísima Virgen. Fue en esta
capilla en donde Domingo le suplicó ayuda a Nuestra Señora.
Domingo salió de allí lleno de celo, con el rosario en la mano. Efectivamente, lo predicó, y con gran éxito porque muchos albingenses volvieron a la fe católica.
En Europa hubo muchos testimonios de ayuda para quienes
rezaban con devoción el Rosario.
En la batalla de Lepanto (1566 - 1572), los musulmanes
controlaban el Mar Mediterráneo y preparaban la invasión de la Europa
cristiana.
El Papa Pio V pidió rezar el Rosario.
Se jugaba el destino de la Europa cristiana. Antes del
ataque, las tropas cristianas rezaron el Santo Rosario con mucha devoción. La
batalla de Lepanto duró hasta altas horas de la tarde, pero, al final, los
cristianos resultaron victoriosos.
Agradecido con Nuestra Madre, el Papa Pío V instituyó la
fiesta de Nuestra Señora de las Victorias y agregó a las Letanía de la
Santísima Virgen el título de "Auxilio de los Cristianos". Más
adelante, el Papa Gregorio III cambió el nombre de la fiesta a la de Nuestra
Señora del Rosario.
El rosario honra a Dios y a la Santísima Virgen de un modo
especial.
En Lourdes FRANCIA, la Virgen llevaba un rosario en la mano
cuando se le apareció a Santa Bernardita.
Y también llevaba un rosario cuando se les apareció a los
tres pastorcitos de Fátima PORTUGAL. Y fue en Fátima donde ella misma se reveló
a los niños su título: "Nuestra Señora del Rosario".



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