RENCOR Y PERDÓN

 Por Emerson Gutierrez

ENOJO BUENO Y ENOJO MALO

En términos generales, la ira o enojo es un estado emocional interior que incluye, al mismo tiempo, sentimientos y pensamientos, y un estado exterior cuando se expresa en palabras y comportamientos particulares. Cuando una persona está enojada experimenta una excitación fisiológica y un dolor emotivo a causa de un trato injusto o de una frustración

“UNA COLERA BUENA”

El enojo no siempre es malo. La ira es un movimiento de nuestra sensibilidad que reacciona ante el mal que la amenaza y se defiende de él con esta reacción.  Puede ser buena o mala, según que surja de un acto racional o de un impulso irracional.  En consecuencia, hay una ira o enojo bueno y una ira o enojo malo.

 También Jesús manifiesta la ira: se encoleriza ante la astucia de los hombres (jn 8,44: “vosotros sois de vuestro padre el diablo y queréis cumplir los deseos de vuestro padre”), patea y arroja las mesas de los cambistas en el atrio del templo (cf. jn 2, 13-22).

Esta ira virtuosa de Jesús y otros profetas busca destruir el pecado y salvar al pecador y devolver, de esta manera, la gloria robada a dios por el pecado “son signos de ira ordenada el no nacer de la ofensa a uno mismo, el ser misericordioso con el pecador y el apagarse o controlarse ante los primeros síntomas de conversión del pecador, es decir, el apaciguarse naturalmente por medio del pronto perdón del ofensor y de las ofensas y el no transformarse jamás en resentimiento o rencor.


 LA IRA DESORDENADA Y EL RESENTIMIENTO

La ira desordenada surge de nuestras malas disposiciones y nos domina, esclaviza y oprime. La ira tiene dos modos principales de desvirtuarse:

Cuando se transforma en violencia: es propio de las personas coléricas y se manifiesta al exterior, aunque suele pasar rápidamente, pero a menudo es injusta y desproporcionada.

Cuando se convierte en rencor: es propio de las personas amargadas y melancólicas, en quienes la ira les dura largo tiempo como una ulcera interior del alma y les cuesta perdonar. éste nace de una ofensa o herida que no cierra ni cicatriza, debido al recuerdo de la injuria o del mal recibido. uno de los rencores más profundos es aquellos que se originan en la infancia, por ejemplo, el niño que es abusado por un pariente sufre una herida real y sumamente injusta.

Hay pecados y vicios que engendran resentimiento. el principal es el orgullo; nadie tiene mayor tendencia a resentirse que quien teme las humillaciones; consecuentemente, nadie está más protegido del rencor que el humilde. otro vicio que lleva al resentimiento es la envidia, madre de los celos. también la iracundia, como es obvio.

Finalmente destaquemos el egoísmo que amortigua nuestra capacidad de conmovernos ante las miserias del prójimo y da origen a la dureza del corazón, a la apatía, a la indiferencia y a la obsesión consigo mismo.

El resentimiento nace de estos vicios, pero a su vez los alimenta. mientras más crece el rencor, más se afianza el orgullo, la envidia, el egoísmo y la ira

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