El “Running”(correr), ¿Es acaso la nueva “religión” del siglo XXI?

 

“Running”(correr), ¿Es acaso la nueva “religión” del siglo XXI?

Fuente: Aleteia
Running

¿Qué pasa cuando le damos más atención a una tendencia deporte o actividad como el running? Aquí te mostramos una respuesta clara para mantener el equilibrio y no verlo como religión

Puede resultar "pretencioso" intentar denominar al running como una religión. Es cierto que en una definición purista del término no existe relación con la deidad, con lo trascendente, pero existen elementos sociales que pueden determinar el deporte como algo similar a una religión.

Existen tradiciones, valores, normas y ceremonias, lugares... casi de "peregrinación". El hombre no puede vivir en el vacío y cuando el hombre no tiene a Dios busca respuestas. El running llena, de alguna manera, ese vacío del hombre en el siglo XXI, se convierte en sentido de vida, en una camino hacia una "plenitud" deportiva. Aquí algunas similitudes "religiosas".

El boom del running es indudable

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Sólo hay que acercarse a uno de los parques de la ciudad… correr es una práctica de moda. El runner tiene además una particularidad, no es un deportista al uso: es un fiel. Ama el salir a correr, disfruta hablando de las bondades del ejercicio que realiza y termina "evangelizando" de su actividad.

Haruki Murakami, en su libro De qué hablo cuando hablo de correr muestra a grandes rasgos la finalidad del running:

"Mientras corro, simplemente corro. Como norma corro en medio del vacío. Dicho a la inversa, tal vez cabría afirmar que corro para lograr el vacío. Y también es en el vacío donde se sumergen esos pensamientos esporádicos. Porque en el interior de la mente humana es imposible lograr el vacío absoluto".

El running podría entenderse así como una forma de meditación, una manera de encontrarse con el yo más profundo. El runner convierte su actividad en toda una filosofía. Una vida basada en valores como la resistencia y el esfuerzo. Correr, correr y correr…

Una actividad que poco a poco va apoderándose de uno: Un poquito para perder peso o mejorar la condición física; 5 kilómetros para liberar endorfinas e ir probando; 10 kilómetros para participar en una carrera popular; Medio maratón para ir superando retos y un maratón para sentirse realizado, para saber que eres capaz. Es todo un ritual para alcanzar…¿la gloria o el vacío?

Las consecuencias de este deporte son inmediatas. Te permite aumentar la producción de endorfinas (hormonas de la felicidad), te ayuda a meditar sobre tu pasado, presente y futuro, ayuda a la autoestima y los aficionados al running hablan de que ayuda a tener una actitud más optimista y enérgica en su día a día. Ayuda a evitar el stress y permite "evadirse" de los problemas.

Muchos han encontrado en esta actividad un sentido a su vida, una manera de acercarse a los valores, a la trascendencia. Encuentran algún tipo de verdad escondido en esta práctica deportiva.

El running, ritos y liturgia

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Salir a correr por un parque es sencillo. Sólo necesitas ropa deportiva, unas zapatillas y ganas de hacer ejercicio. Una vez iniciado en la "nueva religión" la cosa se va complicando un poco más. Si uno quiere prosperar, si uno quiere llegar a algo más e introducirse en el sentimiento runner debe seguir una serie de ritos, casi litúrgicos.

El entrenamiento es sagrado. Se debe entrenar un número determinado de días (2 o 3 a la semana) y se debe guardar un "sagrado" descanso. No se trata sólo de salir a correr sin más, aparecen las tablas de ejercicios, las tandas más o menos regulares.

Potenciar la resistencia o la intensidad, marcar los objetivos, pensar en las distancias, controlar las pulsaciones... Todo para un buen runner esta medido. Todo, incluso los pensamientos deben estar controlados. No hay resquicio para la duda: la superación y el esfuerzo es dogma de fe.

Como consecuencia de la actividad y con el paso del tiempo aparecen rasgos religiosos: el ascetismo, la abstinencia, el autodominio... Todo buen "runner" sabe que para conseguir los objetivos y las marcas es necesario sacrificio y no sólo en el momento de la actividad deportiva sino durante todo el día. Aparece la alimentación sana. Una especie de cuaresma infinita que invita a cuidarse en las acciones cotidianas en pro de conseguir mejorar el rendimiento físico.

El deporte y la fe

Sin embargo, la fe no se opone al deporte, por lo que ambos en una unión sana, pueden compaginar correctamente, siempre y cuando no le demos más peso al deporte que a nuestra fe. Debe de haber un equilibrio.


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