Por: Pavlusha Luyando Joo
Cuando se piensa que somos solo
cuerpo
Si planteamos que somos solo el
cuerpo entonces para nada importaría la espiritualidad como alimento del alma,
ya que solo aceptaríamos la existencia del mundo tangible (material), es decir;
lo que se puede tocar y ver. Este planteamiento nos llevaría a la idea de que
solo existe la materia (materialismo); entonces a partir de este enfoque la
vida humana acabaría aquí, en este mundo y no habría un más allá después de la
muerte donde se pueda tener el encuentro con Dios definitivo y eterno. La
existencia de Dios sería solo una fábula.
Esta forma de pensar es la cuna
donde se desarrollan las ideas materialistas, el ateísmo, el utilitarismo que
tienen en común que consideran que la vida no es algo sagrado otorgado por el
creador, ya que Dios para ellos no existe, quedando el camino libre para permitir
el aborto, la eutanasia, la legalización cualquier cosa que al ser humano se le
ocurra, porque al no haber Dios para el materialismo entonces el hombre usurpa
el lugar del Creador.
Cuando se piensa que somos
solo espíritu
Si planteamos que somos solo
espíritu entonces el cuerpo no serviría para nada. Podríamos hacer lo que sea
con el cuerpo porque supuestamente no es importante, llegando hasta el “ascetismo
extremo” que no es otra cosa que el desprecio por el propio cuerpo. A partir de
esta idea se desarrollan prácticas pseudo espirituales como flagelaciones
llevadas hasta la muerte, mutilaciones, formas de aislamiento extremas que no
tienen nada que ver con el amor al prójimo ni con el amor a sí mismo.
¿Entonces… el ser humano es solo
materia o solo espíritu?
Cada persona está constituida no
solamente por el cuerpo, sino por el espíritu (alma).
A través del cuerpo a la persona
se le conoce, a través del cuerpo (obras, oración) el hombre alcanza la cima y conoce
a Dios. Gracias al alma, el cuerpo es un “cuerpo humano viviente”. El cuerpo no
puede vivir sin alma.
El hombre es una unidad sustancia
de alma y el cuerpo. Somos una realidad unificada, el cuerpo no podría vivir
sin alma, ni el alma sin cuerpo.
Se oponen a la existencia de Dios todas aquellas teorías que reducen la naturaleza del hombre negando su alma, reduciéndolo solo a la materia o reduciéndolo solo a espíritu.

Ambos adquieren importancia en el mundo terrestre, pero el Espíritu es trascendente después de la muerte, porque es creación Divina. La meta es el reino de Dios, al que llegaremos por nuestra Fe y nuestras obras.
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