Complejo de Dios: un trastorno de Satanás y algunas personas

¿Qué es el complejo de Dios?
En 1913, un psicoanalista galés acuñó un nuevo término para describir un trastorno que presentan las personas que afirman tener habilidades sobrenaturales y posibilidades ilimitadas - como tiene Satanás, el ángel caído -. Lo llamó complejo de Dios.
Cuando miramos el comienzo de la historia de Satanás, llegamos a la conclusión de que la rebelión que emprendió contra Dios pudo tener su origen precisamente en ese tipo de pensamiento. Al querer ser como Dios, Satanás cruzó una línea. Como ser creado, nunca alcanzará la divinidad. Esta está reservada exclusivamente para Dios (el ser absoluto).
Es interesante que el complejo de Dios no es solo una característica de Satanás, sino que también se da entre los seres humanos. El protagonista de todas las personas que padecen este trastorno es Hamlet, del drama homónimo de Shakespeare.
Las personas que padecen este trastorno se sienten iguales a Dios. Exigen un trato especial y a menudo intentan someter a los demás. El complejo de Dios es una ilusión psicológica en la que la persona está convencida de su omnipotencia y omnisciencia. Está estrechamente relacionado con los trastornos narcisistas.
Este trastorno hace que la persona no acepte la posibilidad de cometer errores y no asuma la responsabilidad por el mal que comete. Exige atención constante por parte de los demás, adoración y una actitud de dependencia emocional.
¿Cómo reconocer el complejo de Dios?
¿Cómo reconocer el complejo de Dios? Hay varias cosas que se pueden observar a simple vista:
Incluso si no sufrimos del complejo de Dios, vale la pena analizar nuestro comportamiento y comprobar si encajamos en alguno de los síntomas. Entonces tendremos la oportunidad de "pasar de la oscuridad a la verdadera luz".
¿Qué puede ayudar al que padece este complejo?
Es muy difícil que una persona reconozca que padece este trastorno, por eso es importante buscar ayuda profesional cuando aparezcan los primeros síntomas. Pero, ojo, hay que consultar con un profesional católico porque tendrá cuidado de recomendar, a su vez, la ayuda espiritual.
De esta manera, con la terapia psicológica y frecuentando los sacramentos, especialmente la Confesión y la Eucaristía, el cristiano tendrá mayores posibilidades para controlar su comportamiento.
Porque quien a diario examina su conciencia reconociéndose pecador, descubrirá en qué está fallando y con la ayuda del sacerdote y la gracia de Dios, tendrá lo necesario para luchar contra sus impulsos. Y, por supuesto, nada mejor que comulgar frecuentemente. El remedio a todas las enfermedades será siempre estar cerca del Señor Jesús.
Basado en: Jones E., El complejo de Dios En Ensayos de psicoanálisis aplicado, 1913.
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