Aprovechar la vida o desperdiciarla puede costar el cielo
La vida pasa en un suspiro. Para el cristiano formado en su fe significa la oportunidad de aprovechar al máximo sus capacidades y dones para ponerlas al servicio de Dios y de su prójimo porque sabe que su recompensa estará en el cielo.
Pero para el bautizado no practicante quizá se trate de pasar el tiempo lo mejor que se pueda y gozar de las delicias que el mundo ofrece sin pensar en que un día morirá.
Ir detrás de los bienes materiales
La sabiduría de la Sagrada Escritura recopila la experiencia del ser humano desde que este fue creado por Dios. Por eso nos vendría muy bien leerla con detenimiento y poner en práctica los consejos del Antiguo Testamento. El libro del Eclesiástico nos advierte sobre el hombre que solo busca la riqueza:
He observado bajo el sol una grave dolencia: riquezas guardadas que perjudican al dueño. En un mal negocio pierde sus riquezas, y el hijo que le nace se queda con las manos vacías. Como salió del vientre de su madre, así partirá: desnudo; y nada se llevará de sus fatigas. También esto es grave dolencia: tiene que irse igual que vino. ¿Y qué sacó de tanta fatiga? ¡Viento! Toda su vida se consume entre tinieblas, disgustos, enfermedades y rabia.
¡Qué actual resulta esta advertencia! porque seguramente nos han llegado noticias de personas que han vivido exactamente así. Se consumen generando dinero y, al final, solo les sirve para curar sus enfermedades.
¿Y en qué lugar pusieron a Dios? Lamentablemente, la mayoría ni siquiera piensa en Él.
Pero lo mismo pasa con aquel que no es rico, pero se desgasta gozando de los placeres de la vida, desperdiciando su tiempo en situaciones inútiles que le impiden dar sentido a su paso por el mundo.
Cuida tu tiempo y tu vida
Por supuesto que el que trabaja tiene derecho a disfrutar del descanso y del fruto de sus esfuerzos. Jesús nunca prohibió la diversión ni las fiestas, la prueba es que él mismo acudió a las bodas de Caná y gustaba de la convivencia con sus amigos, como cuando llegaba a Betania con Lázaro, María y Marta.
Se trata de no olvidar para qué llegamos al mundo y vivir como hijos de Dios, con alegría y santidad cristiana, es decir, esforzándonos por parecernos cada día más a Jesús y así, algún día llegar al cielo. Y para eso hay que dar sentido a nuestra vida con nuestras buenas obras y anunciando el Evangelio de palaba y ejemplo.
Dice san Pablo a los Efesios:
«Así que tengan cuidado de su manera de vivir. No vivan como necios, sino como sabios, aprovechando al máximo cada momento oportuno» (Ef 5, 15-16).
Porque en el momento más inesperado, seremos llamados a la presencia de Dios. Santiago advierte:
«¿Y qué es la vida de ustedes? Es como la neblina, que en un momento aparece, y luego se evapora» (St 4, 14)
No perdamos tiempo y aprovechemos cada minuto para agradar al Señor, llenando nuestro "saco" de buenas obras.
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