Texto escogido por: Richard Jesús
En aquel tiempo, cuando salía Jesús al camino, se le acercó
uno corriendo, se arrodilló y le preguntó: «Maestro bueno, ¿Qué haré para
heredar la vida eterna?»
Él replicó: «Maestro, todo eso lo he cumplido desde pequeño.»
Jesús se le quedó mirando con cariño y le dijo: «Una cosa te
falta: anda, vende lo que tienes, dale el dinero a los pobres, así tendrás un
tesoro en el cielo, y luego sígueme.»
A estas palabras, él frunció el ceño y se marchó pesaroso,
porque era muy rico.
Jesús, mirando alrededor, dijo a sus discípulos: «¡Qué difícil
les va a ser a los ricos entrar en el reino de Dios!»
Los discípulos se extrañaron de estas palabras. Jesús añadió:
«Hijos, ¡qué difícil les es entrar en el reino de Dios a los que ponen su
confianza en el dinero! Más fácil le es a un camello pasar por el ojo de una
aguja, que a un rico entrar en el reino de Dios.»
Ellos se espantaron y comentaban: «Entonces, ¿quién puede
salvarse?»
Jesús se les quedó mirando y les dijo: «Es imposible para los
hombres, no para Dios. Dios lo puede todo.
Palabra del Señor
Reflexión
El evangelio de hoy nos dice que Cristo nos ama y desea que
seamos inmensamente felices, pero para ello debemos tenerlo como centro de
nuestra vida; y dejar de darle una sobre importancia a lo material que nos
brinda el mundo o a cualquier cosa que nos haga alejarnos de nuestra fe al
Señor.
Debemos entender que tener fe significa confiar con amor en Jesús
y que siguiendo su ejemplo de vida podremos ser felices, pero seguir ese ejemplo.
No se debe hacerse por obligación o porque deseamos recibir algo sino por amor
hacia el Señor y hacia nuestro prójimo.
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